Los extremos de Bariloche
(15.7.2010) Nada más desolador y doloroso que observar en una fila de camas, cinco niños cubiertos por algunas frazadas, ya cerca del mediodía. Acostados como forma de combatir el intenso frío en una vivienda donde no existe calefacción a gas natural.
A menos de diez minutos del centro de Bariloche, provincia de Río Negro, un hogar con una madre sola, no cuenta con gas natural. A su estado de indigencia por la falta de empleo, se le suma la imposibilidad de adquirir ciertos elementos que son requisitos para contar con gas natural, tal lo que exige la empresa distribuidora: contar por lo menos, con una cocina y un calefactor para que le den el gas necesario.
Esta realidad se repite por cientos en los barrios del Alto de Bariloche.
En el contraste con el turismo internacional de la "Suiza Argentina", el frío parece más lacerante.
Una ciudad dividida
En la Revista Don Orione nº 44 el Obispo local describía la realidad de Bariloche explicando que "hay un cordón turístico 'cinco estrellas', y a veinte cuadras una pobreza que ni en el Gran Buenos Aires se ve, con nieve y bajísimas temperaturas". "En una ciudad como ésta, donde los pobres son más pobres, se hacen construcciones de primera categoría, de primer mundo, mientras los barrios periféricos muchas veces carecen de gas natural o de cloacas", decía.
En la misma descripción incluía a los jóvenes, "que son los que muchas veces están expuestos a la violencia y a la droga, necesitan posibilidades de trabajo, de acceso a la cultura, de protagonismo, y no simplemente ser receptores de planes, sino que puedan ir organizándose por sí mismos, en su presente y en vistas a un futuro".
Esta situación de conflicto estalló el 17 de junio pasado, cuando un cabo de la policía de Río Negro mató a Diego Bonnefoi, un chico de 15 años; según los testigos, fue un asesinato a quemarropa. La gente del barrio reaccionó, en especial, los más jóvenes, y se produjo una pueblada. La respuesta fue la represión policial que se llevó puestas dos vidas más, la de Nicolás Carrasco (17) y Sergio Cárdenas (28).

Los habitantes del centro, donde la situación económica es bien diferente a la anteriormente descripta, marcharonen apoyo a la policía, pidiendo más seguridad y mano dura.
La gente de los barrios periféricos, los organismos de derechos humanos y varias organizaciones sociales también marcharon, pero en repudio de los hechos y solidarizándose con las víctimas.
Unos y otros reclamaban justicia. Unos y otros lo hacían desde su situación existencial, y desde su lugar social. Pero en marchas distintas, con consignas e imaginarios diferentes y contrapuestos.
"La desproporción social duele"
Siguiendo la misma línea en que se venía pronunciando antes de estos hechos, la Pastoral Social Patagónica denunció y repudió la "brutal represión policial".
"Los jóvenes aquí son impunemente asesinados por quienes deberían cuidar la vida y luego son doblemente liquidados, porque también desde un discurso político, se los condena", denunciaron.
Además, hicieron hincapié en el profundo pesar que provocan la muerte de jóvenes a causa de la "desproporción social de una ciudad donde algunos disfrutan y tantos padecen, donde la discriminación tiene demasiado espacio, donde el orden pareciera valer más que una vida, donde se juzga siempre a los mismos y se exime de responsabilidades a quienes abusan del poder que ostentan". "Por eso, mientras las autoridades de gobierno respondan con indiferencia ante tales injusticias, nuestro reclamo será firme", advirtieron.
A un mes de lo sucedido, y con los ánimos un poco más serenos, la cuestión sigue instalada en una ciudad que ya no será la misma, porque los hechos dejaron una marca tan profunda como la desigualdad en que se vive.
Fuentes: El Cordillerano / FM Gente de Radio / Pastoral Social de la Patagonia.


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