Saliendo al encuentro
Por Germán Cornejo
Publicado en edición Nº49 de Revista Don Orione / Mayo 2010
En el barrio porteño de Pompeya

El “Proyecto Don Orione” que llevan adelante los jóvenes de la parroquia Ntra. Sra de la Divina Providencia,
surgió para socorrer a aquellas personas necesitadas, cuyas vidas a menudo transcurren “al borde del camino”.
En los límites de la ciudad de Buenos Aires, en el borde sur que limita con el Riachuelo, se encuentra el barrio de Pompeya. Tierra de guapos la llamaron, porque sus calles recibieron el sueño libertario de los inmigrantes escapados de la guerra, al igual que el deseo de oportunidades de quienes llegaban del interior del país. Allí vivían como podían, trabajando en los frigoríficos, las curtiembres y los mataderos. Lugar, también llamado “cuna del tango”, inmortalizado por Homero Manzi en la letra de “Sur”, una de sus composiciones que, “desde las calles de Pompeya” pasó a recorrer el mundo entero.
En la década del ‘80 las viviendas de entonces comenzaban a ser reemplazadas por depósitos de camiones, donde se recibía el creciente flujo de las importaciones. Hoy, treinta años después, la abrumadora urgencia habitacional está produciendo el proceso inverso.
Ayer como hoy, siguen llegando con la esperanza de algún trabajo, hombres y mujeres desde Perú, Bolivia y Paraguay. Muchos de ellos quedan en la calle que, lejos de ser una cuna, y sin nada de poesía, es tan sólo un lugar al borde del camino. Se los ve en las esquinas y contra los paredones. Están al margen de todo, y hasta a veces ni recuerdan para qué vivir. Tampoco los más jóvenes, a pesar de su corta edad.
“Me viste solo y hambriento…
La presencia luminosa de religiosos orionitas y, en particular, la del Fundador en persona, dieron vida a una comunidad que aún sigue inspirando en el corazón de los jóvenes el amor misericordioso de Jesús.
El pasado año 2009, esa parroquia en la que Don Orione alguna vez celebrara misa, cumplió 75 años. Y, para celebrarlo se hizo todo un trabajo de recuperación del edificio donde antes estaba la antigua capilla, con la idea de utilizarlo ahora en la atención de los más pobres del barrio de Pompeya.
Así nació el Proyecto Don Orione, que consiste en recorrer las calles del barrio, para salir al encuentro de aquellas personas que están más solas y abandonadas.
Cada viernes a la noche, desde la Semana Santa hasta la última semana de Adviento, un grupo de personas salen desde el templo parroquial. Son mayores de 18 años, y lo hacen con absoluta responsabilidad. “Salimos a la calle a hablar con quienes quieran, de persona a persona, y además, les damos algún alimento a medida que vamos consiguiendo”, explica el párroco, Daniel Ruiz.
La zona limita con una villa de emergencia, y a esas horas de la noche, es frecuente encontrar a personas violentas, alcoholizadas o bajo los efectos de la droga, y como tal no responden por sus propios actos, o están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de conseguir aquello que les calme por un momento su dolor existencial.
“Nosotros nos acercamos a cada uno en clave de ‘visita al hermano’. No somos jueces, ni policías, ni cuestionadores sociales. Si con alguno se da la confianza, podemos hacerle una sugerencia para su bien, pero lo que tenemos claro es que nosotros no le vamos a cuestionar la vida que tienen, porque a nosotros nadie nos puso en una situación de supremacía sobre ellos. Somos hermanos que visitan hermanos. Esa es nuestra actitud”, insiste el P. Daniel con mucha claridad.
…y me viniste a visitar”
Quizás una de las experiencias humanas más fuertes para los integrantes del Proyecto Don Orione sea la del límite. Como en un espejo, tanto las personas que visitan como aquellas que son visitadas se descubren iguales y hermanos. “Muchas de las personas que visitamos trabajan con el cartón, limpian los vidrios de los autos; son gente muy laburadora
que no le hace asco al trabajo”, cuenta Virginia, una de las coordinadoras del Proyecto.
Sin trabajo digno y sin lugar para estar, hay quienes no encuentra otro espacio para pasar la noche más que un contenedor de residuos o algún hueco en la pared.
Para entender un poco más esta situación, basta tener en cuenta que muchas familias llegan a pagar hasta quinientos pesos mensuales por sólo una pieza, en casas donde viven otras diez familias y donde hay sólo un baño compartido.
A medida que la comunidad parroquial se fue enterando de la existencia del Proyecto Don Orione, el entusiasmo de los jóvenes y adultos fue en aumento. “El Encuentro de Jóvenes Orionitas (ver Revista Don Orione Nº 48) trajo un beneficio muy grande a esta comunidad. Fueron 17 pibes de la parroquia y la capilla, y volvieron con un enchufe extraordinario”, destaca el párroco.
Con ese mismo impulso surgió el “Proyecto Ignacio: la parroquia en la calle”. Consiste en realizar todas las actividades de la parroquia una vez por mes en una plaza del barrio. Así, por ejemplo, mientras los niños tienen catequesis o juegan al aire libre, los adolescentes recorren el barrio para visitar a los demás chicos que están en la calle.
“Nuestros proyectos –sintetizó el p. Daniel– son pequeños, subterráneos; lo mejor que podemos hacer es acercarnos y sentir con el otro que somos personas, algo que ellos no viven habitualmente”.




Sitio Oficial de la Pequeña Obra de la Divina Providencia Don Orione - Argentina /