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El obispo de los pobres

monsenor_devoto(28.7.2010) Alberto Pascual Devoto nació el 17 de mayo de 1918 en Buenos Aires y dicen que murió en Goya el 28 de julio de 1984, el mismo día que fuera bautizado.

Los accidentes automovilísticos han sido la forma recurrente en que los obispos luchadores por el cielo para todos y el reino de la justicia se encontraron con la muerte. Le pasó a Angelelli, a Ponce de León, a Sueldo y a también a Devoto.

Pero decir que el obispo de Goya se murió es una triste y mezquina traición intelectual. Una prepotencia de la burocracia, de papeles de archivo.

Monseñor Devoto está vivo en el pueblo correntino y es un símbolo de una iglesia que se jugó por los crucificados del sistema.

El 6 de diciembre de 1942 se ordenó como sacerdote y el 17 de setiembre de 1961 fue designado obispo. Se entrevistó con Juan XXIII, “el bueno”, el impulsor del Concilio Vaticano segundo, aquel que quiso abrir la ventana de la iglesia para que ingresaran los vientos de la vida y del presente. Y el 29 de octubre de 1961, fue designado obispo de Goya.

“Pero quizás lo que más me llegó fue tu permanente testimonio de humildad y sencillez de tus humanas debilidades. Tus ganas de aprender, tu humildad de preguntar, escuchar y anotar en tu famosa libretita verde aquellas cosas que veías o te decían en tus continuas giras pastorales. Más algún chistecito de vez en cuando”, escribió el padre Julián Zini.


Un pastor entregado a su pueblo

Devoto escribió y dijo en relación al año nuevo de 1975: “No hay duda de que en el sentir popular, el comienzo de un nuevo año está lleno de esperanzas. Y la esperanza es parte de la vida del hombre, es la fe la que alienta nuestras más profundas esperanzas: estamos ante un verdadero proceso de conversión evangélica, es decir, de salida de nosotros mismos y de apertura a Dios y a los demás”.

En setiembre de 1976, Devoto denunciaba las amenazas de muerte contra su persona. “Una iglesia que proclama el evangelio y trata de hacerlo realidad en su propia vida, es una iglesia que tarde o temprano va a experimentar que se cumplan en ella las palabras de Jesús: ‘Así como me han perseguido a mi, también los perseguirán a ustedes’. Y esa hora ha llegado”, decía.

En la Navidad de 1979, el obispo de Goya denunció la situación del campesinado. La calificaba como “dolorosa” y que se “viene atravesando desde hace tiempo”.

En Pascuas de 1981, el obispo de Goya volvía sobre los campesinos correntinos. “Ser cristianos no es refugiarse en la fe para vivir al margen de la realidad de este mundo, sino asumirla, precisamente desde esa misma fe. Esto nos lleva necesariamente a mirar a nuestro alrededor”, decía.

“Sabemos bien que en todas partes no sucede lo mismo, pero lo cierto es que nuestra zona se va empobreciendo más y más, principalmente por el éxodo de gente joven. ¿Cuál es el futuro de una provincia de la que emigra gran parte de sus jóvenes? ¿Para qué servirán tantas instalaciones costosas en las zonas rurales, si después no habrá gente para ocuparlas y usarlas?”, cuestionaba.

En 1976, Devoto escribió: “La creciente de 1966 me hizo conocer de cerca la miseria de mucha gente, miseria que yo ni siquiera imaginaba, y eso ha marcado mi vida, convencido de que la iglesia no puede quedar indiferente ante tanta gente que vive en condiciones infrahumanas”, sostuvo entonces.

Cuando el obispo murió, quizás muchos hayan celebrado su partida. Sin embargo, Devoto sigue andando en las necesidades de su pueblo y en los sueños inconclusos de varias generaciones que lo siguen descubriendo como guía existencial.


Por Carlos Del Frade
Fuente: MEDEHS Goya.

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