fbpx

cabezal centenario items

 

¡Qué sorpresa MAMÁ… lo estabas esperando!

 

Hacia la celebración de los 100 años de la llegada de Don Orione y los primeros misioneros orionitas a la Argentina y el Uruguay, compartimos una serie de artículos que nos traen al presente nuestros orígenes como Familia Orinita en esta parte del mundo.

Por Prof. Fernanda Coronel, Grupo de Estudios Orionitas (GEO)
Segunda entrega

 

Que sorpresa mama 01

 

Mientras Don Orione estaba en Brasil en el año 1921, recibió una carta de invitación para venir a la Argentina pero, aunque hacía todo lo posible, no podía responder afirmativamente por el momento: los orionitas en Brasil tenían muchas necesidades y eran pocos los religiosos para tantos requerimientos. En estas circunstancias volvió a comunicarse con el P. Sterpi, quien −a la cabeza de la joven congregación en Italia− le respondió con espíritu de fe que le enviaba cuatro seminaristas.

Don Orione, entonces, comienza a contar las horas para seguir ayudando allí donde se lo pidiesen, pero con el paso de los días su preocupación de Padre se iba acrecentando. Sufría dolores en el corazón, pero los dolores físicos no lo frenaban. Lo que le dolía profundamente a Don Orione era el desamparo de los más frágiles, de los necesitados del encuentro con Jesús, y no poder hacer más.
Estaba ansioso y preocupado, cuando recibe nuevamente la invitación desde Argentina. Su deseo de hacerse todo para todos era cada vez más grande. Pero esta vez las palabras dirigidas por monseñor Silvani a Don Orione son las justas para que, como una locomotora a toda máquina, se pusiera en marcha: “En noviembre en la Argentina es el mes de la Virgen y de las flores. Aquí no hay nada para los pobres, para los últimos de la sociedad, no hay nada para los niños abandonados, para los desamparados…”. Hablarle a Don Orione de la Virgen y de los invisibles para la sociedad era irresistible. Además lo invitaba a predicar en la peregrinación de los italianos a Luján. Entonces respondió: “Estaré presente en la peregrinación a Luján. A los pies de la Virgen comenzará la misión de los Hijos de la Divina Providencia en Argentina; predicaré, haré todo lo que usted quiera…”.

 

En tierra argentina se manifiesta la Providencia

Así era Don Orione, arriesgado, confiado en Dios, experimentaba la ternura redentora de Jesús y se entregaba generosamente. El 8 de noviembre se embarcó en “El Deseado”. Por una recomendación hizo escala en Montevideo para poder tomar un vapor local y llegar más rápido a Buenos Aires, pero los trámites migratorios lo demoraron demasiado. Así, Don Orione no pudo llegar a tiempo a Luján, pero los santos siempre llegan a tiempo según el reloj de Dios.
Pisó suelo argentino por primera vez el 13 de noviembre de 1921. Al día siguiente monseñor Alberti, obispo de La Plata, le propuso aceptar la iglesia de Victoria (capellanía de San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires). La iglesia y la casa estaban abandonadas por falta de sacerdote. Le ofrecían numerosas obras y Don Orione, misionero de corazón sin fronteras, no podía elegir una y dejar otras.
En primer lugar fue a visitar la iglesia donde algo asombroso pasó: lo acompañaban Mons. Silvani, el P. Cullen y el P. Maximiliano Pérez en lo que sería un momento inolvidable: “Y mientras nosotros –escribiría después monseñor Silvani– observábamos y admirábamos las bellas líneas de la iglesia, [Don Orione] pareció perder el conocimiento; vimos que se separaba, con los brazos en alto y lo escuchamos gritar, como nunca lo habíamos escuchado, de alegría y entusiasmo, y como un niño lo vimos correr gritando siempre hacia la imagen de la Virgen que había llamado su atención y arrodillarse y rezar, conmovido y casi transfigurado... No entendíamos y le preguntamos por qué tanta efusión; él, señalando a la Virgen de la Guardia en el altar, dijo: ‘Pero ¿acaso no lo ven? ¡Es la Virgen de la Guardia! Vine a Argentina con la intención de edificar una iglesia a la Virgen, pero la Virgen fue más diligente que yo y me la da ya hecha... Cuando partí de Génova prometí consagrarle todas mis obras en América y ahora me siento feliz de verla honrada aquí’. Y dijo que aceptaba la iglesia sin pensarlo siquiera”.
La Providencia, esa amiga inseparable de Don Orione, disponía todo lo necesario para que ese hombre con corazón de niño, ese sacerdote alegre y apasionado, ese soñador santo, hiciera la voluntad de Dios en tierra argentina.

 

Comienza el amor entre Don Orione y “L’Argentina”

La Providencia tomó la mano de María y ambas esperaron a Don Orione en Argentina, el país que finalmente cautivó su corazón. Días más tarde de su llegada, después de ir a Luján para honrar a la Virgen, el 17 de noviembre escribió desde Buenos Aires a monseñor Grassi, obispo de Tortona: “Hoy comienza mi vida en el nombre del Señor y por las almas de estos huérfanos, en la caridad de Jesucristo. Estuve en el Santuario de Luján y envío un pequeño recuerdo con amor de hijo. Puse mi vida en el Corazón de Jesús Crucificado y no quisiera dejar en cada momento de brindárselo a la Santa Madre Iglesia y a los huérfanos: son mis grandes amores, por la gracia divina”.
Una vez aceptada la primera casa en Argentina, Don Orione regresó a San Pablo, Brasil, para la fiesta de la Inmaculada. El 15 de diciembre estaba nuevamente en Río de Janeiro. Allí se enfermó: el cansancio, el clima, la tensión, las decisiones, la preocupación por no poder hacer más debilitaban su cuerpo, pero no su corazón, lleno de misericordia por los demás.
Como el amor es siempre fecundo y creativo y busca las maneras de crecer e impregnarlo todo, el misionero Luis Orione comenzó a pensar en la necesidad de dar al pueblo vocaciones propias del lugar.
El obispo Silverio, de raza negra, vio en estas ideas de Don Orione la gracia de Dios operando como un soplo suave y renovador. “Las dos familias religiosas de color... deberán ser la fragua de donde surja un clero y religiosos comprometidos, a su vez, en suscitar y desarrollar vocaciones de color, dedicándose a la educación de la juventud negra más pobre; los misioneros negros así formados deberían llevar la Palabra y acción evangélica a África, allá de donde estos amados hermanos fueron traídos como esclavos, regresarán a llevar la libertad de los hijos de Dios”, expresó Don Orione en un escrito.
Para él ya no existían fronteras, razas, límites o divisiones, solo existía un amor infinito, una caridad suave y serena que sanaría todos los corazones, el sueño de Dios Padre para todos sus hijos.

 

Que sorpresa mama 01

 

Los primeros misioneros

El 15 de enero de 1922 partió desde Génova otro contingente compuesto por cinco religiosos misioneros: el P. José Zanocchi, el P. Enrique Contardi, el P. José Montagna, el P. Carlo Alferano y el seminarista Francisco Castagnetti. Llegaron el 1º de febrero y fueron recibidos por Don Orione en el puerto de Río de Janeiro. Don Orione subió al barco para ocupar el puesto del P. Alferano, quien descendió y se trasladó a la casa de San Pablo a la que había sido destinado. De esta forma, Don Orione vuelve a asumirse como padre de sus religiosos, acompañando a los misioneros hasta Argentina.
Les mostró las obras ya establecidas: la iglesia de Victoria, con una escuela de “artes y oficios” y un hogar en Marcos Paz (provincia de Buenos Aires). Con ellos fue, para quedarse, el seminarista José Dondero. Esta vez Don Orione se quedó más de tres meses en nuestro país y escribió numerosas cartas a las demás casas inauguradas en Latinoamérica. Por medio de sus escritos estaba cercano y presente con todos.
Pero a la vez, desde Italia reclamaban por su regreso. Como allí hacía falta su presencia decidió ir preparando su viaje de retorno. El 19 de marzo de 1922 nombró al P. José Zanocchi su representante para las comunidades de Latinoamérica y el 13 de mayo partió de Argentina.
El 18 de junio, durante la navegación, escribió el inolvidable himno a la caridad: “Anhelo cantar el cántico divino de la caridad, pero no quiero esperar a cantarlo cuando me vaya al Cielo. Por tu infinita misericordia te suplico, oh Señor y Padre nuestro de mi alma, me concedas la posibilidad de iniciar este cántico desde la tierra; aquí, Señor, ante este amplio horizonte de aguas y cielo, desde este Atlántico que me habla de tu poderío y tu bondad...”.
Era un canto de alegría desbordante por lo vivido entre los más pobres, por haber podido llegar a tantos corazones con la luz de la fe. Era el canto de un hombre de Dios conmovido ante la necesidad de sus hermanos, convencido de que no se puede esperar para hacer el bien, que “ahora” es el tiempo oportuno para “centrarlo todo en Cristo” (Ef 1, 10). Era el canto esperanzador de aquel que sabe mirar lo que viene y hacer todo lo necesario para que suceda.

 

Los primeros 100 años

Ya pasaron casi 100 años desde aquel 13 de noviembre de 1921 en que Don Orione llegó por primera vez a la Argentina. El sueño sigue intacto. Don Orione continúa anhelando llegar a nuevas tierras. Quiere seguir sembrando a Jesús en el corazón de los hombres. Sigue buscando nuevas orillas donde desembarcar: hoy las orillas son los márgenes donde están los olvidados, los mirados con desconfianza, los que no tienen oportunidades, los que necesitan que alguien les pregunte sobre sus dolores, que alguien los acompañe, que camine a su lado y confíe en ellos.
Nuestro pueblo argentino necesita, como hace 100 años, que Don Orione venga nuevamente en sus hijos santos. En hijos que tengan en el corazón el mismo sueño misionero, que no puedan descansar mientras alguien sufra el desamparo, dispuestos a vivir la revolución de la ternura que enseña el Papa Francisco y a construir una familia grande donde todos son bienvenidos y la vida es asumida con fortaleza comunitaria.
Cada uno de nosotros puede ser ese orionita hoy, para seguir tejiendo la historia de salvación, la propia y la de nuestra gente; para que María siga extendiendo su manto y cobijando a todos sus “pequeños”. Si sueñas, si escuchas que te llaman por tu nombre, no tengas miedo, no calcules, no te guardes, no esperes hasta que seas perfecto. Hay un barco listo para zarpar como hace muchos años, con nuevos misioneros orionitas que desean anunciar a Jesús en los corazones de toda la Argentina. 

 

Que sorpresa mama 01

TOP