Un padre que animaba a volar

Las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad somos hijas de aquel Santo que fuera caracterizado por San Juan Pablo II como un sacerdote con “el temple y el corazón del Apóstol Pablo”. Nuestro propio nombre expresa el ADN que de él recibimos; misioneras, es decir, llamadas a llevar el amor de Dios a todos nuestros hermanos y hermanas.

 

Desde nuestra fundación Don Orione nos animó, con sus palabras y sus cartas, a ser anunciadoras de la caridad, en Italia y también fuera de ella. Y así como el ave reconoce cuándo el plumaje de sus pichones está maduro para volar fuera del nido, nuestro padre supo ese 15 de setiembre de 1930 que había llegado la hora.

 

Nos sumergimos en ese momento desde las páginas del diario de la Casa Madre:

 

Viene Don Orione, nos reúne a todas, nos hace una hermosa prédica. Nos invita a rezar y luego se entona el Veni Creator. Nos dice que había recibido ya la segunda carta de Don Zanocchi, solicitando una respuesta, pero que él no la quería dar sin nuestro consentimiento. (…) Don Zanocchi pedía por lo menos seis Hermanas para abrir un Pequeño Cottolengo [en Argentina]. Pide nuestra adhesión y luego quiere que quien tiene buena salud y vocación para ello haga el pedido por escrito. (…)

La mañana del 2 de diciembre viene Don Orione a celebrar la Santa Misa. Admite a los Santos Votos a tres de las Hermanas que partirán para América: Sor María Bienvenida, Sor María Misericordia, Sor María Pax Crucis. Las otras tres: Sor María Fe, Sor María Misericordia y Sor María Lucía hacen los Votos Perpetuos”.



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Don Orione en Floresta, actual Casa Provincial de las Pequeñas Hermanas de la Caridad

 

 

La partida

 

Ese mismo día, las seis primeras misioneras ad-gentes partieron en tren hacia Génova. Podemos imaginar la gran emoción que reinaba también entre sus co-hermanas, que se sentían unidas en la entrega generosa de quienes volvían a dejarlo todo por seguir al Maestro.

El 6 de diciembre, día de la partida hacia Argentina, Don Orione pronunció ante bienhechores y amigos de la familia, palabras que transmitían su gran emoción ante el sueño que se materializaba: “…hay momentos en que el sacerdote misionero ve que su apostolado queda frustrado; ¿por qué? Porque él se encuentra en ciertos lugares, donde por tantas circunstancias que ustedes comprenden, no puede llegar. (…) así vemos almas que se unen a ellos en el trabajo y en el sacrificio, en aquellos lejanos países.

Estas almas, de corazón verdaderamente pleno y ardiente de la divina caridad de Jesucristo, son las Hermanas Misioneras. Y siempre ha sido así: abran el Evangelio y verán que al lado del Señor estaban las pías mujeres. Lean las cartas de San Pablo y verán que nombra a las mujeres generosas que, juntamente con él y con San Lucas, iban difundiendo el Evangelio.

(…) Y ahora ¿qué les diré a estas humildes Hermanas que mañana a las 11 se embarcarán en el Julio César? (…) Vayan, pobres hijas de Dios. Nuestra oración las seguirá siempre y todos los días de su vida. Ya desde este momento les prometemos delante del tabernáculo del Señor, que no las olvidaremos nunca y que rezaremos siempre por ustedes.

(…) Vayan a llevar la luz de Dios, la luz de la fe, la gracia: ¡lleven la bendición del Señor a todas aquellas almas que van suspirando, quizás inconscientemente, buscando y esperando su apostolado y su santa misión!

 

Las Hermanas arribaron al puerto de Buenos Aires el 22 de diciembre. Se alojaron por un mes en el Internado Santa Felicitas, de las Hermanas de Jesús María, para aprender la lengua. En medio de algunas dificultades que fueron surgiendo, iniciaron rápidamente el propio apostolado dando catequesis a los niños.

 

Al año siguiente se les unieron seis Hermanas más. A estas dos primeras expediciones seguirían otras cinco, en 1932, 1935, 1936 y 1937. El último viaje preparado por Don Orione se realizó un mes después de su muerte, el 13 de abril de 1940.



Un fuego que enciende otros fuegos

 

Nuestro Maestro, que supo alimentar a una multitud con los cinco panes y dos peces, también transformó en una hoguera de caridad esas seis primeras llamas llegadas a la Argentina.

 

Con el correr de los años, las Hermanas, que ya trabajaban en las diversas obras que se fueron abriendo (cottolengos, colegios, hogares de niños, etc.), sintieron también la llamada a seguir anunciando al Dios Amor en otras naciones. Así partieron, desde nuestro país, a plantar las tiendas de la Congregación en Chile, Brasil, Kenia, Paraguay, Madagascar, Costa de Marfil, Filipinas…

 

Los 90 años significan para nosotras mucho más que un aniversario; es un momento de conectarnos profundamente con nuestras raíces, con nuestra identidad más profunda. Desde ahí podemos mirar nuestro mundo actual con nuevos ojos para descubrir los océanos que hoy la Providencia nos invita a atravesar. Quizás algunos sean lejanos geográficamente, pero también haya otros que estén en nuestro barrio o es nuestra propia casa. Vayamos confiadas, bajo la mirada amorosa de Don Orione porque, en la otra orilla, están nuestros hermanos más frágiles esperando el consuelo de Jesús. 

 

 

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