Esos curas tan del pueblo

Por P. Fernando Fornerod fdp 1

Queremos conocer algo de aquello que sintieron los primeros misioneros enviados por Don Orione a la Argentina. En cierto sentido, no todo les pareció desconocido. Muchas de las personas con las que trabajaron en aquellos inicios heroicos de la Congregación en nuestro país, eran inmigrantes que habían viajado desde Italia en busca de un futuro mejor. Pero la experiencia de un nuevo continente había cambiado un poco a todos.

Al P. José Dutto le tocó ser enviado al Puerto de Mar del Plata. Desde el 16 de marzo de 1925 debía relevar al P. José Montagna. El lugar no le era desconocido. Allí mismo, poco tiempo atrás, había cumplido otro reemplazo de unas pocas semanas, pero suficientes para que su sencillez encendiera nuevamente la chispa de la generosidad.

El P. José Zanocchi, por su parte, no estaba muy satisfecho con enviar al joven P. Dutto al Puerto: lo necesitaba junto a él para hacer frente a las múltiples tareas que se requerían no sólo en Victoria, sino también en la Capital Federal2. Finalmente, en junio de 1924, los PP. José Dutto y César Di Salvatore, el seminarista José Dondero y un joven de nombre José Paiva ‒de sobrenombre “el portugués”‒ se hicieron cargo de la escuela de La Sagrada Familia en el Puerto de Mar del Plata3.

Una vez instalado en la comunidad, José Dutto quedó al frente de la escuela. No quiso realizar nada sin avisar de todo a Montagna. Los informes que le envió a Italia no tienen desperdicio. No solo pintan la situación pastoral del Puerto, sino que la reflexión penetra más allá, hasta dar con el modo de vivir el carisma orionita en estas latitudes y con esa gente. Hoy, esto se llama inculturación del carisma. Cosa más bien rara para su tiempo. O al menos paradójica: ya que él no se había formado en las casas de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Sus estudios eclesiásticos, en efecto, los realizó en el seminario diocesano en Cuneo. Poco después, conoció a Don Orione; y le pidió ser misionero. Lo era entonces en la Argentina: en el Puerto de Mar del Plata. Con los inmigrantes, pescadores echados de las playas del centro a la periferia; allá “en la otra Mar del Plata”, esa de la zona del Puerto nuevo; pero que no había sido construido para ellos.

 

 

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Barrio del Puerto cercano a la Sagrada Familia (1930)

 

 

Mucha era la miseria. Mucha más la bronca. Los chicos y jóvenes: numerosos. La mayoría de ellos, en la calle. Sus padres no podían ocuparse de ellos. Una alternativa posible: ir a la escuela, a esa abierta hacía muy poco y llevada adelante por los curas. Era distinta esa escuela. Se educaba en la verdad; pero igualmente en el bien y en la justicia. Cosa extraña para anarquistas y socialistas que abundaban en la zona:

 

Mar del Plata, abril 13 de 19254

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Queridísimo p. [José] Montagna, […] no pude escribirte antes; recién puedo hacerlo hoy, segundo día de Pascua, porque estuve muy ocupado y preocupado por todo lo que Ud. sabe; además impartimos el catecismo a los muchachos y chicas que no vienen a nuestro colegio, todas las tardes, hasta Pascua, para prepararlos a la comunión pascual. Diariamente venían unas 65 a 70 chicas; y de ellas 18 hicieron la primera Comunión; solamente las más grandes (12 a 18 años). Los trabajos de construcción de las tres aulas nuevas y el comedor, todavía no han terminado […] La capilla la entregaron terminada el miércoles santo por la noche […] Los salones son hermosos y también la capilla es linda. Hicimos todas las ceremonias de la Semana Santa […] salieron muy hermosas, con verdaderos frutos de bien. Tal fue la presencia de la gente en la capilla, que a pesar de contar con una capacidad el doble que la anterior, al final también resultó insuficiente […] La concurrencia fue verdaderamente grande y consoladora; también de hombres.

[…] el día de Pascua hicimos 140-145 comuniones. Unos 15 hombres también comulgaron. Para el Puerto ¿No es esto algo maravilloso? ¿Quién lo habría dicho un año atrás? Es verdaderamente consolador y se ve la mano de Dios; se diría casi que visiblemente, suscita en estas pobres familias y almas –que Ud. Bien conoce– un soplo divino de fe y de renovación cristiana, que poco a poco va progresando. Son familias enteras que se bautizan, son concubinos que arreglan su unión delante de Dios y de la Iglesia; son adultos que se mezclan con los chicos para hacer su primera Comunión, o vuelven a Dios después de años y años de indiferencia o cosas peores; mientras tanto muchos son los anarquistas, comunistas o bolcheviques… que en buena fe, empiezan a abrir los ojos y ver las cosas bajo otro punto de vista […] Esto sea dicho para consuelo de Don Orione y de nuestros bienhechores […] 

Dios obra un bien inmenso por medio de los Hijos de la Divina Providencia en la humilde clase obrera… suscitando gran admiración de los grandes señores, que nos ayudan con generosidad y simpatía. Y bajo este punto de vista, la “Casa de La Sagrada Familia” del Puerto de Mar del Plata, se podría decir, humanamente hablando, que tiene una posición estratégica de primer orden; designación particular, también ésta, de la Divina Providencia. Toda la “alta sociedad” argentina pasa el verano en Mar del Plata, y no pocos – entre ellos la misma hermana del actual Presidente de la República – vinieron a visitar nuestro humilde e incipiente colegio, admirando nuestra pobreza, nuestra simplicidad, nuestro sacrificio […] Y tal es la impresión que se llevan por este espectáculo – nuevo en Argentina – de curas tan populares […] que Dios se sirve de nuestra misma incapacidad y simplicidad para obrar el bien. 

¡Oh cómo se ve aquí bien delineada y marcada la misión de nuestra pequeña, naciente Congregación en la sociedad actual egoísta e hipócritamente artificial...!

Simplicidad, popularidad, trabajo y sacrificio. No faltan espíritus superficiales que querrán más apariencia, más ceremonias, más barniz […] pero los buenos admiran y saludan como providencial la nueva Congregación de la Divina Providencia. Y es así que Dios, guiando nuestros pasos, va preparando y disponiendo favorablemente hacia nosotros la clase rica y acaudalada, y nos va preparando los insignes bienhechores y sustentadores de nuestras obras del mañana.

En algunas congregaciones se admira la sabiduría, en otras la elocuencia, en otras la penitencia: en cambio, nuestro distintivo y nuestra gloria serán la simplicidad y el sacrificio.

Todas estas cosas Ud. las sabe muy bien; pero es bueno que también las sepan nuestros seminaristas, para que se formen más en el espíritu de simplicidad y de sacrificio; y está bien que lo sepan también nuestros bienhechores, quienes en sus sacrificios no buscan más que la salud y el bien de las almas5.

 

 

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Don Orione, Zanocchi, Dutto y Montagna 

 

 

En medio de esa realidad desafiante del Puerto de Mar del Plata, el joven P. José Dutto no necesitó mucho tiempo para aferrar el sentido de la misión. Contemplando la acción pastoral, con fino ojo intuitivo, dio con el núcleo del carisma de la familia orionita: evangelizar a los pobres, con medios pobres, para alcanzar con ellos, una experiencia nueva de fraternidad y de comunión con Dios. Lo entendió enseguida: la Pequeña Obra de la Divina Providencia, de este acontecimiento, es una incipiente expresión histórica. Ciertamente limitada, pero al alcance de todos.

Las notas distintivas del apostolado cristiano, en los párrafos del P. José, bosquejan el estilo propio de un orionita: estar entre los más humildes y desamparados. La fuerza de este compromiso hunde sus raíces en una espiritualidad cristiana y popular, que alimenta la acción de la caridad; tan intensa que la masa se convierte en pueblo. El Pueblo de Dios.

Esta misión supuso una verdadera conversión de las estructuras ministeriales de la Iglesia de ese entonces. Algunas de ellas habían olvidado el enfoque hacia quienes Jesús las había dirigido. La replegada auto referencialidad que vivían, les había ocultado el horizonte. Sin esa perspectiva, la vida de entrega personal hacia quien está desamparado de la Providencia de Dios carecía de sentido. Una caridad hecha de obras concretas, es decir cercana a la gente, por el contrario, supo dar claridad a la mirada del P. José Dutto; y con ella, el corazón se le descubrió sin fronteras: en el centro de sus acciones y atenciones, estaba Cristo y su Pueblo. Y esto fue tan raro –que con asombro y un poco de ironía– él mismo lo describió como “un espectáculo nuevo en Argentina”.

A tantos años de todo esto, transitando el camino hacia la celebración del Centenario de la llegada de Don Orione y sus religiosos misioneros a nuestra tierra, queremos también nosotros encender los corazones con aquel fuego y espíritu de caridad educativa que hizo del enseñar y el aprender una verdadera experiencia de evangelización nueva.

 

 

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Procesión religiosa desde La Sagrada Familia hacia la Banquina de Pescadores, encabezada por Don Orione y el Padre Dutto. Fiesta del Pescador (1935)

 

 

1- F. Fornerod, Los curas del puerto; aportes para una historia de la Obra Don Orione en el Puerto y en San José de Mar del Plata 1921 – 1940, Buenos Aires, Editorial San Benito, 77 ss.

 2- J. Zanocchi a L. Orione, 26.06.1925, ACPA, Apuntes, 225-226.

3- J. Dondero a L. Orione, 21.06.1924, ADO, R.III.23 f. 5.

4- En la carta puede leerse, escrito de puño y letra por Don Orione, en tinta roja: “Para publicarse en la Obra, y el manuscrito se conserve para el Archivo”.

5-  J. Dutto a J. Montagna, 13.04.1925, ACPA, Apuntes, 214-215. Firma también Sac. Cesare Di Salvatore.

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