Carolina y el milagro en la vida del Cottolengo

Por Carolina Arce, orientadora Pequeño Cottolengo Avellaneda



Allá por los primeros días de junio de 1977 llega a nuestra casa Carolina Harari. Con apenas seis días de vida vino a llenar de dulzura y amor el Cottolengo Don Orione de Avellaneda.

Junto con Magdalena, que hoy vive en San Miguel, fue recibida con mimos y muchos cuidados por las demás residentes, voluntarios, personal, religiosas y, sobre todo, por la Hna. Brígida, quien era conocida como la "Mamá" de todos los bebés de la institución. Ella era una mujer que con sus brazos cobijada y acunaba a cada niño que llegaba al Cottolengo.

Carolina, en principio, vivía en el Hogar Inmaculada Concepción, que recibía y cuidaba a los bebés y niños. Por esta razón, dicho Hogar atraía muchas visitas y siempre había brazos para cuidarla y jugar con ella.

María Silvia García, kinesióloga de nuestra casa ‒que comparte el día a día de las residentes hace más de 40 años‒ nos cuenta: “A ella le gustaba cantar y salir de paseo de la mano de los jóvenes de Acción Católica, quienes eran los encargados de organizar la recreación del fin de semana de nuestras chicas”. 

Carolina, junto a otras residentes, concurría a Olivos donde, de punta en blanco y con su uniforme, realizaba diferentes terapias, como natación. Hoy es una de las residentes que realiza este deporte hace más de 10 años ininterrumpidamente.

Siempre selectiva en sus amistades, ella decide cómo y con quién pasar su tiempo libre. Se caracteriza por ser sumamente ordenada y cuidadosa con sus pertenencias. Su color preferido es el azul y su instrumento favorito el ukelele ‒lo toca de oído‒ que transmite una melodía especial en cada compartir de la Eucaristía diaria.

Carolina es la encargada de secar y guardar los cubiertos luego de cada comida y se ocupa de que cada residente haga sus tareas hogareñas diariamente, ¡hasta llamándoles la atención si es necesario!

Su cantante favorito es Chayanne y Susana Giménez es la figura a quien admira hace años.



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Su vida hoy

 

Caro es una mujer de 44 años y convive con 21 residentes en el Hogar Nuestra Señora de Itatí, el más autónomo de nuestra casa. Concurre diariamente a misa y tres veces por semana a natación externa. Los días martes asiste, junto a otras residentes, al taller de cocina “Delicias de Itatí": de la mano del Hno. José Almirón preparan productos para vender y recaudar fondos para las próximas vacaciones de verano.

Ella siempre gozó de buena salud, pero el año pasado el Covid 19 llegó a su vida. El virus la llevó a transitar una larga internación en terapia intensiva. Mientras sus amigas del Hogar le pedían a la Virgen de Itatí por su pronta recuperación, Caro luchaba para salir de su estado de gravedad.

Y fue así que un mes después es dada de alta. Pidiendo gaseosa y papas fritas en el camino, se dirige del hospital al encuentro de sus hermanas del Hogar. 

En el transitar de su enfermedad conoció al Dr. Leonardo Del Río, quién se convirtió en uno de sus mejores amigos y ya forma parte de su familia del corazón.

Hoy Caro, luego de una larga rehabilitación, retomó su vida con normalidad. Con un corazón agradecido a Dios y a las personas con las que comparte su vida cotidiana, agradece a la Virgen y a Don Orione por haber retornado a su casa.

En el camino al Centenario, compartimos su historia para que su sonrisa y fortaleza nos iluminen y acompañen en cada paso en nuestra vida cotidiana.

 

 

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