El camión de la caridad

Por P. Facundo Mela fdp

 

La apertura del Pequeño Cottolengo Argentino fue el fruto de la tenacidad apostólica de Don Orione y de la fe y sensibilidad del pueblo argentino. Esta obra de caridad, por entonces única en su género, movilizó a la sociedad de la época que generosamente colaboró con la naciente institución donando dinero, muebles, alimentos, ropa, materiales. Por ello, la adquisición del primer camión del Cottolengo fue más que la compra de un vehículo, fue un signo de la Providencia, un verdadero don de Dios.

El hecho se encuentra documentado en algunos escritos de Don Orione, ubicados en mayo y junio del 1935. Para entonces, el Fundador se encontraba en Argentina por segunda vez desde hacía ya siete meses y el 28 de abril de ese año había colocado la piedra fundamental del Pequeño Cottolengo Argentino en Claypole.

 

La ayuda en camión

El camión tenía un objetivo preciso: “recoger cosas”, es decir, ir a buscar donaciones –“la providencia” en lenguaje orionita– y llevarla al “depósito” (hoy, Centro de Donaciones), primero ubicado en Lanús y que pocos años después se trasladaría a su sede actual en el barrio porteño de Nueva Pompeya.
La primera mención la encontramos en una carta (1935) de Don Orione al P. Carlo Sterpi, que había quedado como superior de la Congregación en Italia: “Ahora tengo también que comprar un camión y hay otros gastos no menores para el Cottolengo”.

El 11 de junio de 1935 fue un día memorable, y así se lo hacía saber al P. Sterpi:

Hoy me entregarán el camión del Cottolengo, nuevo, grande, fuerte. A los costados está escrito «Cottolengo Argentino» y arriba: «Divina Providencia - ¡Caridad!» Está casi del todo pago, Deo gratias! Después que sea bendecido, el primer viaje será al famoso santuario de Luján, con todos los novicios, ¡una hermosa camionada! Quise que el camión llevase los colores de la Virgen Ssma. de Luján y de la bandera argentina: blanco y celeste (…) los argentinos quisieron que los colores de la bandera nacional fueran los colores de la Purísima de Luján, blanco y celeste”.

 

 

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La emoción lo embargaba, y así lo deja traslucir en una nueva carta que le escribió al P. Sterpi:

Ayer su Excelencia Rvma., el Nuncio se dignó a bendecir el nuevo primer camión del Pequeño Cottolengo Argentino, que lleva los colores blanco y azul de la purísima de Luján y de la bandera nacional argentina, pero adelante lleva también otra pequeña, pero querida bandera. Después de la bendición, subí al camión y quise dar una vuelta, la primera, por Buenos Aires”.

Unos días después, como le había dicho al P. Sterpi, el camión marchó a Luján en peregrinación, llevando a los aspirantes, clérigos y sacerdotes de la “casa de Lanús” (hoy, Villa Dominico). La travesía arrancó a las 6 de la mañana del 21 de junio, con el estreno del invierno.
Como todo devoto de María, Don Orione acercó el nuevo vehículo hasta los pies de la Virgen. Su corazón mariano y argentino quedaba plasmado en este gesto de fe y en los colores de "El camión de la caridad”, nombre que fue dado al vehículo. A primera vista, esto podría considerarse un dato menor; pero no lo es porque muestra que para Don Orione el camión no era un mero medio de transporte, sino que tenía una impronta y una misión concreta: ser signo de caridad.

Así, el camión del Cottolengo fue expresión del amor de Don Orione a la Virgen de Luján y a nuestro país; a la vez que el trasporte de la Providencia para los pobres del Cottolengo. Desde entonces, cada camión de Don Orione que recorre las calles de se transforma en un signo de la caridad de y para nuestro pueblo.

En este camino al Centenario, esa caridad se renueva diariamente en cada una de las comunidades orionitas cada vez que recibimos una donación, sin importar si es pequeña o grande, porque como decía Don Orione: "Todo es grande cuando es grande el corazón que lo da".

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