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En 1944 el Cottolengo Tucumano abría sus puertas y en él comenzaban a vivir los primeros 90 residentes.
   Siete décadas después de aquella semilla dejada por Don Orione los desafíos no se detienen...
Hoy, gracias a la generosa colaboración de muchos ya hemos concretado la construcción del Nuevo Hogar donde brindar mayor comodidad a los residentes.
 
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70 años del Cottolengo de Tucumán

Por P. Anibal Quevedo fdp - Publicado en Revista Don Orione Nº 61

 

El 28 de mayo de 1944 el Cottolengo Don Orione de Tucumán abría sus puertas y en él comenzaban a vivir los primeros 90 residentes. La necesaria la acción de la Divina Providencia para llegar a aquel momento trae el recuerdo de tres personas que fueron instrumentos para concretar este sueño: monseñor Agustín Barrere, obispo de Tucumán, quien conoció e invitó a Don Orione a que asumiera una parroquia en el Jardín de la República; el P. José Zanocchi, superior Provincial de la Obra Don Orione, quien dedicó mucho tiempo a cultivar el sueño de llegar a Tucumán y que en 1944 se trasladó hasta allí para vivir más de un mes en el momento en que se terminaba la construcción y se inauguraba el Cottolengo. Por último, don Evaristo Etchecopar, tucumano de generoso corazón que deseaba realizar una obra de caridad en honor a su difunta esposa.

Cada uno dio lo mejor de sí y la semilla de la obra Don Orione comenzó a crecer en Tucumán el 8 de septiembre de 1942, cuando Mons. Barrere bendecía la piedra fundamental del Cottolengo, que abriría finalmente sus puertas casi dos años después: el 28 de mayo de 1944.

“En los Residentes veo a Jesús”

Hoy, en los cuatro hogares del Cottolengo tucumano viven 110 personas con diversas discapacidades, con patologías predominantes de retraso mental, síndrome de Down, parálisis cerebral e hidrocefalia. Un plantel de empleados, supervisados por un coordinador, se encarga de las atenciones básicas, como la distribución de los alimentos, el lavado de ropas y el orden cotidiano de dormitorios, baños y comedor.
Al mismo tiempo, un grupo de voluntarios coordinados por la estudiante de Psicología María Parra, tiene a su cargo las distintas actividades recreativas que alegran y estimulan a los residentes: “Organizamos los festejos del día de la primavera y ahora trabajamos en la realización de una obra teatral que se estrenará a fin de año, donde contaremos la historia del Pequeño Cottolengo en Tucumán. Hace 15 años que vengo como voluntaria. Los chicos son mi familia y en ellos veo a Jesús”, comenta María.
En el predio del Cottolengo también funciona un Centro de Día bajo la supervisión de un equipo técnico compuesto por profesionales de distintas especialidades de la salud, orientadores y religiosos, quienes tratan de estimular al máximo las capacidades de los residentes y se encargan de diversas actividades de la vida diaria, contención mental y espiritual, poniendo especial énfasis en el cuidado de la salud con guardias de enfermería las 24 horas.
También se trabaja en áreas de la salud como Fisioterapia y Kinesiología, donde se tratan todas las patologías relacionadas con trastornos neurológicos, discapacidad psicomotriz, rehabilitación de procesos traumatológicos y cardiorrespiratorios.
Un equipo de docentes especiales coordina los talleres de costura, bordado, pintura en tela, trabajos con papel, confección de peluches, jardinería, vida de la naturaleza, panadería y actividades cotidianas como la higiene personal.
Rolando Sánchez, profesor de Educación Especial, trabaja como orientador y conoce el Cottolengo desde muy niño. Cuenta que su relación con la institución data “desde que mi mamá me tenía en la panza, porque ella trabajaba aquí. Todos mis mejores recuerdos están ligados a la Obra, como cuando iba a vender las pecheras del maratón o participaba en actividades como voluntario. Como profesional me siento muy orgulloso de haber participado en la creación de la Murga, en las cabezas gigantes de Don Orione y el Papa Francisco que tanta repercusión tuvieron en los medios de prensa de la provincia”.
Rolando se apasiona al contar los avances y logros que estimula el equipo de profesionales y voluntarios: “En Semana Santa representamos el Vía Crucis con nuestros asistidos por la calles del barrio y resultó una experiencia emocionante. Ahora nos llaman de muchos eventos privados o públicos para que participemos con la murga”.

Un hermoso y gran desafío

Siete décadas años después de aquella semilla dejada por Don Orione, en tierras tucumanas han florecido, además del Pequeño Cottolengo, el Colegio Don Orione, fundado el 11 de marzo de 1968, y la parroquia San José Benito Cottolengo, consagrada el 11 de agosto del mismo año.
Pero los desafíos no se detienen si se trata de mejorar la calidad de vida de los hijos predilectos de nuestro fundador. Este año se suma otro proyecto: terminar un nuevo hogar para brindar mayor comodidad a los residentes.
La Familia Orionita de Tucumán pide colaboración para poder cumplir con este objetivo y se prepara para que el tradicional maratón de setiembre –que será también el festejo central de los 70 años de la institución– sirva para ayudar a concluirlo.
La luz inextinguible de Don Orione continúa brillando en pos del bien de los más necesitados, porque en ellos se ve realizada la bienaventuranza proclamada por Jesús: “Felices los que tienen el corazón puro porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). ○

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