La felicidad de estar en la casa de la Virgen de Itatí

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(07/07/2017) La fiesta de la Virgen de Itatí es uno de los festejos que más devoción despierta cada año en la familia orionita, debido a que la atención pastoral del santuario correntino fue encargada en 1935 al mismo Don Orione.

Este domingo, 9 de julio, es la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Itatí, y los fieles se preparan a la medianoche en la Basílica para el saludo a María.

Durante el día están previstas las misas en el Santuario a las 6.30, a las 8, a las 9.30; a las 11 y a las 19. A las 15.30 se realizará la procesión y luego la santa misa presidida por el obispo coadjutor de Goya, monseñor Adolfo Canecín. Luego, para finalizar la jornada, se ha organizado una procesión de antorchas en el pueblo.

El lunes 10 conrinuarán las jornadas de preparación para el 117º aniversario de la coronación pontificia. Hasta el 16 de julio habrá misa a las 19 y cada día se rezará por una intención especial: por las víctimas de las guerras olvidadas, por las víctimas de las guerras ocultas, por los mártires de hoy, por los jóvenes, por los hijos y por los peregrinos.

Historia

La historia de la Virgen Morena comienza en la época colonial, cuando su imagen había sido encontrada en el río Paraná por un grupo de pobladores guaraníes. Cuando vieron a la Virgen Inmaculada sobre una piedra rodeada de una luz muy brillante, Fray Luis Gámez ordenó el inmediato traslado de la figura a la Reducción, pero la imagen volvió a desaparecer en dos ocasiones, retornando a su lugar cerca del río.

Los religiosos comprendieron cuál era la voluntad de la Santa Madre y se dispuso el traslado del asentamiento a esos parajes, que luego se comenzaron a denominar Itatí ("Punta de piedra", en esa lengua originaria).

El culto a la Virgen de Itatí fue introducido en 1615 por el sacerdote franciscano Fray Luis Bolaños. Su cuerpo está tallado de timbó y su rostro de nogal, ambas maderas de la zona. Mide un metro con veintiséis centímetros de altura y tiene sus manos juntas en posición de oración. Viste un manto azul, túnica blanca, y se considera realizada por una artista indígena de una de las tantas reducciones que jalonaban el Alto Paraná.

El 16 de julio de 1900 se realizó la ceremonia de coronación en la Iglesia de la Santísima Cruz de los Milagros, en Corrientes. El año anterior, el Papa León XII había bendecido la corona de oro y piedras preciosas hecha en París, y facultado al Obispo de Paraná, Monseñor Rosendo de la Lastra y Gordillo, para llevar a cabo el acto ante una multitud de fieles.

El 3 de febrero de 1910, el Papa Pío X creó la diócesis de Corrientes, y el 23 de Abril de 1918, la Virgen de Itatí fue proclamada Patrona y Protectora de la provincia.

Como la cantidad de devotos crecía, la Iglesia encaró la construcción de un gran santuario. En 1938 se bendijo la piedra fundamental y el edificio se inauguró el 16 de julio de 1950, en el cincuentenario de la coronación. Ese día llevaron la imagen allí, durante una enorme celebración.

Designado Basílica el 16 de julio de 1980, el santuario de Itatí es uno de los más importantes de América. Tiene 80 metros de largo, 70 de ancho y capacidad para 10.000 personas. Los vitrales y la cúpula central, con un diámetro de 28 metros, son muy bellos. En la cúspide, hay una imagen de la Virgen de 7 metros y medio. La altura total es de 83 metros, casi 20 más que el Obelisco de Buenos Aires. En 1999 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

La fiesta de la Virgen de Itatí se celebra el 9 de Julio, pero para conmemorar el aniversario de su coronación, cada 16 de julio miles de peregrinos visitan a María en su casa, a pocos metros del río Paraná.

“Al fin aquí estoy, en Itatí, bajo la mirada de María Santísima"

El 25 de enero de 1936 los Hijos de la Divina Providencia (Obra Don Orione) se hicieron cargo de la dirección del Santuario de Itatí.

Compartimos el relato del viaje realizado por Don Orione contado por él mismo en una carta:

“A bordo del Vaporcito General Artigas, 24 de junio de 1937. En viaje al Chaco y a Itatí. Como pueden ver, tengo el gusto de escribirles mientras viajo por el Paraná, para saludar -quizás por última vez en mi vida- a esos queridos hermanos nuestros, sacerdotes y clérigos, que trabajan para defender y salvaguardar nuestra fe: son los que están más lejos de Buenos Aires, en el centro del Chaco y en Itatí, en el límite de la Argentina, frente al Paraguay. (...) Antes de ayer y ayer hizo mal tiempo, pero hoy salió el sol y comienza a sentirse mucho calor. En Bs. As. hacía mucho frío.
Este río Paraná es anchísimo y tranquilo, se puede descansar y trabajar. Cuando embarqué, estaba agotado y casi no podía caminar; ahora estoy descansado y recuperado de fuerzas y de voluntad. En el puerto de Rosario subieron a verme los nuestros -les habían avisado los de Buenos Aires-; están bien; los visitaré en el viaje de vuelta. 
En este hermoso vaporcito también se puede trabajar. Celebré misa los dos días de viaje, y espero poder hacerlo también mañana.”
Tres días en barco desde Buenos Aires a Resistencia, en un viaje plácido y descansado. Pero veamos como fue el tramo final, de Resistencia a Itatí. En carta fechada en Itatí el 27 de junio, dice:
“Al fin aquí estoy, en Itatí, bajo la mirada de María Santísima. que en este rincón de América es venerada en una de sus imágenes más milagrosas. La trajo aquí un santo padre franciscano, el P. Bolaños, evangelizador de los indios. Está sepultado en Buenos Aires y yo fui a orar ante su tumba, en la iglesia de San Francisco. 
Llegué a Itatí después de tres horas de auto: fue un viaje a toda velocidad, a los saltos, por los baches y montículos de la calle; tanto que para no terminar deshecho por mi dolor de riñones y para amortiguar los sacudones y salvarme tuve que tener los brazos rígidos y las manos apoyadas firmemente en el asiento durante todo el tiempo, en una constante maniobra de sube y baja: era como andar en la montaña rusa. Por fin apareció el Santuario de Itatí, y ¡qué suspiro de alivio! El cansancio y el dolor de riñones se esfumaron, todo desapareció.
Cuando entré, la antigua iglesia estaba repleta de devotos; me arrodillé en el fondo, en el rincón del publicano y sentí toda la felicidad de estar en la casa de la Virgen. Don Orione”.

Oración

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, 
que bajo la advocación de la Pura y Limpia 
Concepción 
de Nuestra Señora de Itatí 
miraste con ojos de misericordia 
por más de cuatro siglos 
a todos los que te han implorado;

Escucha ahora las súplicas de este tu hijo 
que humildemente recurre a ti; 
atiende mis necesidades 
que tú mejor que yo las conoces;

y sobre todo, Madre mía, 
concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, 
un corazón puro, humilde y prudente, 
justo y fraterno; 
paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones 
y consuelo en la muerte. 
Así sea.

 

300 mil peregrinos junto a Maria de Itati

Cuando entré, me arrodillé en el fondo, en el rincón del publicano y sentí toda la felicidad de estar en la casa de la Virgen. Don Orione”.

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