"En la Argentina he hallado para siempre mi segunda patria"

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DON ORIONE SOBRE LA CUBIERTA DEL CONTE GRANDE EN SU VIAJE HACIA ARGENTINA

 

 

(09/08/2017) El 9 de octubre de 1934 Don Orione volvía a nuestro país luego de más de una década de ausencia. Este era el comienzo de una estadía de casi tres años que marcaría un antes y un después en su vida, y que dejaría una huella imborrable en nuestro país.

Esta segunda estadía en Sudamérica tuvo para el Apóstol de la Caridad una dimensión de cruz y exilio. Su decisión de volver a América no fue sólo por pedido de sus misioneros, quienes reclamaban su presencia; sino también por una serie de acusaciones por parte de un pequeño grupo de miembros del clero de su Tortona natal, quienes lo tildaban de oportunista, mal administrador, ladrón de vocaciones, imprudente e incluso de haber frecuentado una casa de mala vida.

Por ello, ante la amenaza de que estas sombras comenzasen a extenderse también sobre su Congregación, decidió emprender un segundo viaje a tierras americanas. Buscaba de este modo mostrar que la Familia Religiosa podía vivir sin él y buscar que se calmara el clima adverso reinante.

Tres años de obras y misión

Don Orione ya había visitado Argentina entre fines de 1921 y principios de 1922, pero esta vez llegaba en un momento providencial: la celebración del 32° Congreso Eucarístico Internacional. Un evento que marcaría el renacer de la fe del pueblo argentino y prepararía el terreno para que el Santo de la Caridad pudiese sembrar su obra en estas tierras.
Concluido el Congreso, Don Orione se ganó la simpatía del pueblo argentino, recibiendo una gran cantidad de propuestas para iniciar obras de caridad que respondían a las necesidades, tanto espirituales como materiales, de la sociedad de entonces. Su actividad alcanzaría todos los estratos sociales, desde los más pobres hasta la alta sociedad argentina; visitó autoridades civiles y eclesiásticas, recibió invitaciones de los obispos, dio conferencias, ejercicios espirituales, habló varias veces por radio, su imagen apareció en los diarios, etc.

Durante su segunda estadía, pese a sus más de 60 años, su obra se extendió con gran rapidez y solidez, expandiéndose no sólo a lo largo de nuestro país sino también en Brasil, Uruguay y Chile.

Un mirada providencial

Tras haberse abandonado en las manos de la Providencia, puedo ver cómo la cruz y la incomprensión lo habían traído a una tierra ávida de sus sueños de caridad, donde muchas iniciativas tomarían forma, entre ellas el “Pequeño Cottolengo Argentino”.

Su encuentro con nuestra cultura y espiritualidad lo transformaron. Ya de vuelta en Italia, sus religiosos allí se percataron de algo: Don Orione no era el mismo, “la América” lo había cambiado, había algo distinto en él: ya no era el hombre golpeado por el peso de la cruz. El Fundador estaba encendido por un espíritu misionero que arrasaba. Apenas desembarcado en su tierra natal ya pensaba en un nuevo viaje, que no pudo concretar.

Por otra parte, su paso por estas tierras enriqueció a nuestro país, enseñándonos que no hay fe cristiana si no se vive la caridad, sacando a la luz a los más olvidados y rechazados de entonces: las personas con discapacidad, los pobres, los desamparados. El pueblo argentino ya no sería el mismo: había redescubierto el amor a los pobres.

Pero, pese a su partida, su corazón quedó aquí. La llegada de la reliquia en el año 2000 fue la concreción de su anhelo, pero también un signo elocuente de caridad: el corazón de Don Orione está en el Cottolengo, entre los pobres.

Al cumplirse 80 años de su partida, demos gracias a Dios por tu paso por Argentina y asumamos el compromiso de ser fieles a su legado de fe y caridad.

 

Por p. Facundo Mela fdp para Revista Don Orione

 

 

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DON ORIONE A BORDO DEL “NEPTUNIA” EN NÁPOLES, A SU REGRESO DE AMÉRICA – 24 AGOSTO 1937

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