El cottolengo avanza hacia las nuevas fronteras de la caridad

El cottolengo avanza hacia las nuevas fronteras de la caridad 03

 

Por Germán Cornejo para Revista Don Orione

La aprobación de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad dictada por la Organización de las Naciones Unidas (2008) marcó un verdadero hito al delinear un compendio de derechos específicos de las personas con discapacidad en pos del ejercicio pleno de aquellos derechos que son comunes a todo el género humano.

Sin lugar a dudas, quienes motorizaron la institucionalización de este “cambio de paradigma” fueron las entidades que trabajan cotidianamente para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, como es el caso de la Obra Don Orione.

La licenciada Jorgelina Leis tiene a su cargo la Coordinación del Área de Terapia Ocupacional y Orientadores del Cottolengo Don Orione de Claypole. Explica que esta nueva forma de mirar a las personas con discapacidad nos llega a todos por igual, como conciudadanos y como pares. “Asumir este nuevo enfoque es una transición compleja porque implica des-aprender costumbres muy arraigadas para desarrollar nuevas formas de tratar e integrar a las personas con discapacidad”, resalta la terapista ocupacional.

 

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Despertar una nueva conciencia

El objetivo de este cambio de paradigma es que tanto la sociedad, como la propia persona con discapacidad, se reconozca como protagonista de su propia vida. “Buscamos que cada uno pueda ejercer el derecho a elegir las cosas que quiere y a rechazar las que no, asumiendo el riesgo y la responsabilidad que eso implica”, explica Leis.

Un documento de la ONU explica este proceso como el pasaje “de una perspectiva médica o ‘caritativa’ a un enfoque de derechos humanos, que vela por que las personas con discapacidad tengan acceso y puedan participar en las decisiones que influyen en su vida y solicitar reparación en caso de que se violen sus derechos”.

La mirada de Don Orione desde un nuevo enfoque

Esa declaración podría ser interpretada como una objeción a la existencia misma de los cottolengos. Sin embargo, el Hno. Jorge Silanes –estudioso de la vida y obra de San Luis Orione– señala que las nuevas normas que promocionan la dignidad y la igualdad de las personas con discapacidad resaltan su valor. “Para mucha gente, la ‘caridad’ es mala palabra porque no se termina de entender y se la asocia a una ‘limosna’ pero para Don Orione es una caridad social, que hace a las personas actores de una transformación social, por eso comenzó a ocuparse de las personas con discapacidad cuando nadie lo hacía”, enfatiza el religioso, que también integra el Equipo de Conducción del Cottolengo de Claypole.

Para ayudar a entender mejor esta continuidad entre el nuevo paradigma de los derechos humanos y la obra que Don Orione inició en Argentina en 1935, el Hno. Silanes relata que “en los tiempos de la fundación, hace más de 80 años, para comenzar a funcionar el Cottolengo adoptó el modelo de ‘colonia’, es decir, estaba en un lugar alejado y requería contar con todo tipo de servicios para autoabastecerse en todas sus necesidades”. “Era –acota el Hno. Silanes– lo que la mentalidad de la época permitía, y era un paradigma de exclusión”.

Sin embargo, el religioso trae a colación una carta fechada en la década del ’30 donde el propio Don Orione, de puño y letra, les contaba a las autoridades de minoridad de Italia que en uno de sus hogares había recibido a un joven que quería ser sastre, pero que no podía mover bien su mano para manejar la tijera. “Entonces –decía Don Orione en el escrito– si me autorizan, yo lo pondría a trabajar en la imprenta con las tipografías y le haría un banquito especial para que apoye la pierna que tiene afectada y no se canse mientras compone.

Si ustedes me autorizan, yo les diría que hagamos eso porque he visto renacer a muchos seres cuando se los pone en la posibilidad de que se desarrollen. ¡Eso es ‘brindar apoyos’ para mejorar la calidad de vida! Lo que hacemos nosotros ahora”, remarca Silanes.

 

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Escuchar y no presuponer

De los primeros tiempos quedaron los edificios, la organización de los horarios y los espacios, al igual que la distribución de roles y las tareas. “Se consideraba a la persona con discapacidad como a alguien que estaba en estado de vulnerabilidad permanente, y en estado de necesidad constante”, ilustra Jorgelina Leis.

Pero todo eso está cambiando. Más allá de los capacitaciones habituales, en 2017 todo el personal de atención directa de los hogares realizó un curso por convenio con la Universidad iSalud con el que se buscó mejorar las técnicas que permiten ser muy buenos observadores de la intencionalidad que tienen las personas con discapacidad. “Muchas veces un pequeño gesto en personas con discapacidades muy profundas da la clave sobre qué es lo que quiere o cuando, por eso hacemos el esfuerzo de no presuponer y no pensar permanentemente por el otro”, dice la coordinadora de Terapia Ocupacional.

Otro cambio fundamental que ya se está produciendo es el rediseño de los edificios para que los espacios puedan respetar el derecho a la intimidad de los residentes. Al respecto, Jorgelina cuenta que “se está trabajando en varios proyectos: por un lado, la construcción de nuevas habitaciones para dos o cuatro personas, como así también la instalación de compartimentos en los dormitorios más grandes”. De esta forma, se busca un mayor nivel de personalización, de intimidad y de comodidad, “donde duerman de a dos personas, para aquellos residentes que, aunque no son autoválidos, sí tienen la capacidad de moverse y decidir de manera autodeterminada”, apunta.

“Lo que hacía Don Orione en su lenguaje es lo que hoy llamamos ‘brindar apoyos’, que no es ni más ni menos que estar atentos a la necesidad puntual y atender esos puntos para que la persona con discapacidad pueda desarrollarse”, añade el Hno. Silanes. Y concluye: “La Caridad, con mayúscula, es el amor transformador, por eso la Caridad y el derecho no se contraponen”.

 

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