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oratorio festivo 00

 

(03/07/2018) El 3 de julio de 1892 en su ciudad natal de Tortona, Italia, Don Orione abría su primer oratorio, la primera semilla de lo que habría de ser la futura Obra de la Divina Providencia.

A continuación reproducimos el capítulo del libro “El Apóstol de la Caridad” que describe la historia que Don Orione recordara como “el gran día”, y que fue la primera semilla de la Obra de la Divina Providencia.

El Oratorio San Luis
El niño lloraba desconsolado y furioso.

- ¿Qué te pasa, por qué lloras? -pregunta solícito Luis Orione-.

El niño al fin estalla:

- ¡No voy más al catecismo! ¡Me pegan!
- Bueno -contemporiza Luis-, si te portas bien, no te pegarán.
- ¡No, no voy más! -insiste enojado el pequeño-.
- No te pongas así. Si vienes conmigo te hago un regalito.

El chico, al fin, le sigue a su cuarto, mísero altillo sobre la bóveda de la catedral. Le regala unos dulces y le explica el catecismo. Cuando el niño se va, le dice:

- Vuelve mañana; y trae a tus amigos. Verás que te enseñaré más cosas de Dios y juntos nos divertiremos.
Y el niño volvió, acompañado por muchos otros.

Luis entonces los lleva a los pies de la Virgen del Buen Consejo en la catedral; luego a su pobre cuarto, que se trasforma en aula y también en lugar de recreo. De allí en más, todo su tiempo libre será para ellos.

Pasados algunos meses, en mayo, organiza un hermoso mes de María para todos. Ya toda la ciudad de Tortona conoce a Luis y a sus chicos. Ya no caben en su pobre habitación de los techos de la catedral; entonces los lleva al aire libre, subiendo la cuesta hasta las ruinas del “castillo”. Muchas veces, mientras suben hacia allí, pasan ante un edificio con una imagen de la Virgen pintada en la pared; entonces hace un alto a la turbulenta tropa y todos se recogen en devota oración.

Unos treinta años después ese edificio se trasformará en una institución de la Obra: el Colegio Dante Alighieri. “Yo creo que el Señor -comentaba Don Orione- ha querido así mostrarme su agrado por ese humilde homenaje que mis niños y yo rendíamos a su Madre en aquellos primeros años.”

- Sabe, Monseñor, -se atreverá a decirle al obispo de Tortona, un día- los chicos son muchos, en la catedral alborotan y alteran la tranquilidad de los canónigos; la gente protesta. Necesitaríamos otro lugar, más grande...
- Y yo te doy mi jardín -dijo Mons. Bandi, sin vacilar-: Será el Oratorio de la juventud de Tortona.

Sin más tardanzas, el 3 de julio de 1892 tuvo lugar la solemne inauguración en presencia de dos obispos, muchos canónigos y otros eclesiásticos, sus compañeros seminaristas y una familia de amigos músicos: los Perosi.

Con apenas veinte años, Luis Orione pronunciaba un inflamado discurso tomando como lema: “¡Almas y almas!”.

Así nació el Oratorio San Luis, primera semilla de lo que habría de ser la futura Obra de la Divina Providencia. “Nuestra primera tarea, es el Oratorio –afirmará más adelante Don Orione-; es el campo de nuestras batallas apostólicas. La salvación de la juventud del mundo entero vendrá de los oratorios y las escuelas, no de los internados. ¡Y nuestra Obra nació precisamente de un oratorio festivo!”.

 

 

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