¿Quién puede entrar por la puerta de los cottolengos?

2019 la puerta del cottolengo INTERIOR

 

Por P. Facundo Mela fdp
(* Este artículo fue publicado en la Revista Don Orione N° 74)


En abril de 1935, Don Orione escribía la Carta Magna del Pequeño Cottolengo Argentino, donde compartía sus sueños de caridad y amor a los más pobres y excluidos de entonces: las personas con discapacidad. En la misma, encontramos una de las frases más bellas que describen esta obra: “La Puerta del Pequeño Cottolengo Argentino no preguntará a quien la cruce si tiene un nombre, sino solamente si tiene un dolor”.


La historia de la frase

Hace unos años, el P. Fernando Fornerod compartía una investigación en su artículo “Las puertas de la Providencia: Don Orione y Víctor Hugo” (Revista Don Orione Nº 53, agosto de 2011). Allí demostraba que el Santo Fundador tomó esta frase de libro “Los Miserables”.
Es justamente en el diálogo entre Mons. Myriel y el convicto Juan Valjean, donde el prelado le da una cálida bienvenida al forastero, quien se asombra ante tanta caridad. El obispo le responde: “Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor”.
Don Orione vio en este texto a San José Benito Cottolengo y su obra: “Turín tenía esa puerta. Víctor Hugo la había descrito como un ideal, como un sueño (...) era una realidad: en el Cottolengo...”.
Esta mirada, que podríamos llamar histórica, nos pone en contacto con el origen de la frase y la significación dado por el mismo fundador: una puerta de caridad, de amor al pobre, una puerta que recibe a quien sufre.


Una casa de puertas abiertas

Ahora, queremos leerla desde otra óptica: ya no desde su historia, sino desde las vivencias y experiencias de la Familia Orionita en torno a la “Puerta del Cottolengo”. Lo que podríamos llamar una mirada de corte fenomenológico.
Lo primero que podemos señalar es que durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia (2015-2016), los cottolengos fueron lugares de peregrinación elegidos por los obispos para ganar indulgencias. Así, en algunos de ellos hubo “Puertas de la Misericordia”, pero llamativamente estas no fueron las puertas de la capillas, sino propiamente las puertas de entrada. De este modo quedaba de relieve una realidad: el mismo cottolengo, en toda su extensión, es lugar de misericordia. En el caso concreto del Cottolengo de Claypole, incluso, su entrada actual se ha convertido en un signo de la caridad.
Otro punto a considerar es la transformación en el servicio brindado, que enriqueció este aspecto. En sus inicios, muchos cottolengos eran instituciones cerradas. Con los años fueron abriendo sus puertas a niños y jóvenes con discapacidad que vivían con sus familias, a través de las escuelas especiales y los centros de día. Parafraseando al Papa Francisco, el Cottolengo es una casa de “puertas abiertas”.

También una casa del consuelo

Durante mucho tiempo se concibió a la puerta del cottolengo como el lugar donde la persona con discapacidad o el pobre que venía a pedir ayuda y era recibido. Un lugar donde alguien que sufría una necesidad o carencia era acogido por quién podía ayudarlo, cuidarlo, darle cariño y protección.
Pero más acá en el tiempo, la interpretación se ha ampliado a todo aquel que llegue a la Puerta del Cottolengo sea voluntario, visitante, empleado, bienhechor, religiosa, sacerdote, familiar de un residente o quien fuese: a todos se les pregunta si tienen un dolor, pues todos tenemos un dolor, una necesidad, una pena o una cruz que nos pesa.
Son numerosos los testimonios de personas que relatan cómo el Cottolengo les cambió la vida, o les hizo redescubrir el sentido de ésta; volver a la fe, salir de alguna crisis, depresión, etc. Así, la Puerta del Cottolengo ofrece consuelo y ayuda a todos.

Lugar de encuentro

El contacto con “la carne de Cristo” nos transforma. Muchas veces se piensa hacerle un bien al cottolengo. Y se hace, pero luego se descubre algo más: el cottolengo le hace el bien a todos: cura nuestras heridas, muestra el sentido de la vida, sana los corazones, devuelve la alegría, mostrándonos el rostro de Dios Padre y Madre que protege y cuida a los más necesitados. 

Por ello, el Cottolengo es una Buena Noticia del Reino. Un espacio de encuentro entre el corazón que atraviesa su puerta y Jesús que lo espera dentro; como pobre, pero también como Samaritano, crucificado y resucitado. Y tal encuentro se constituye en una experiencia siempre transformadora.

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