fbpx

"La sotana manchada de barro, el cuello desabrochado..."

La sotana manchada de barro

 

(13/01/2021) Después de que un terrible terremoto de grado 7 en la escala Richter devastara la región de Marsica, el 13 de Enero 1915, a las 7:55, había alrededor de 30.000 víctimas fatales.

Las localidades de Avezzano y Pescina fueron las más afectadas ya que, Avezzano que tenía por ese entonces 11.208 habitantes y tuvo 10.719 víctimas y Pescina, donde nació en el año 1900 Ignazio Silone (el célebre escritor italiano, autor de "Encuentro con un cura extraño"), sufrió 5.000 víctimas de sus 10.400 habitantes. Pero 52 aldeas fueron destruidas, no distinguiéndose incluso las calles. Muchos funcionarios públicos murieron en esta catástrofe, por lo que no había ni siquiera quienes aconsejen a las autoridades centrales.

Entre los primeros en llegar a la zona del desastre para comenzar con el rescate de las víctimas de Marsica estuvo San Luis Orione y lo que allí encontró fue una población extremadamente maltratada.

Por su trabajo incansable entre los escombros y posteriormente por el de sus religiosos y religiosas los municipios de Marsica proclamaron a Don Orione como "Ciudadano Honorario" y "Benefactor insigne de los Marsiscanos".

Compartimos con ustedes un extracto del libro del Padre Juan Venturelli "Don Orione, el apostol de la caridad" en el que se narra la experiencia de nuestro padre fundador en esta catástrofe:

El 13 de Enero de 1915 un violento terremoto arrasa la ciudad de Avezzano y la región vecina. Los escombros mezclados con la nieve ofrecen un cuadro de desolación absoluta. Los lobos bajan hambrientos de la montaña y los ladrones, como chacales se aprovechan de la desgracia ajena.

Desde Roma, la ayuda del gobierno central tarda varios días en ponerse en marcha. El 15 al atardecer Don Orione ya está en Avezzano tomando contacto con la enormidad de la catástrofe.

Muchos de los sobrevivientes son ancianos y niños. De allí uno de los graves problemas de este terremoto: los niños abandonados.
Don Orione pone en seguida manos a la obra; y en un viejo automóvil descapotable comienza a recoger huérfanos, preocupándose por salvar también los papeles que documentan los derechos de esos menores in familia.

A menudo se lo ve por entre los edificios derruidos cargando sobre sus hombros, hasta de a tres niños por vez.

Recuerdo haber visto a Don Orione en Avezzano – narrará un funcionario-; la sotana manchada de barro, el cuello desabrochado, pálido el rostro, la cabeza gacha, y los ojos… ojos tristes, de mirada manda, velados por una compasión infinita…

Se le confía la dirección de la oficina de rescate; se opone a la cremación de los cadáveres, trata de salvar de entre los escombros hostias consagradas y reliquias de santos. De una casa en ruinas hace una improvisada capilla, celebra Misa, confiesa, predica, alienta a esperanza y la resignación cristianas.

 

terremoto marsica nota 2

 

El auto del rey. El terror de los lobos

Al ver un día Don Orione un auto del séquito real desocupado, sin pensarlo dos veces, lo carga de niños huérfanos apenas recuperados de entre las ruinas. Interviene la policía, que advierte al soberano. Don Orione, sin amedrentarse lo más mínimo, se dirige al mismísimo rey y le pide un coche para trasladar niños a Roma. Víctor Manuel III, gratamente impresionado por la energía del pequeño sacerdote accede de inmediato, y aquel grupo de huérfanos va a engrosar las filas de los institutos de Don Orione en Roma y el norte Italia.

En otra ocasión, subiendo la cuesta del Monte Bove, el automóvil cargado de niños se atasca en la nieve y no pueden seguir adelante.
De pronto un grito unánime: - ¡Los lobos, los lobos! Con certera decisión y sangre fría, Don Orione y el chófer hacen frente a la emergencia: mientras con esfuerzos sobrehumanos logran hacer girar el automóvil para volver a bajar la cuesta, mantienen lejos a las fieras con grandes gritos y disparos de revólver. El coche al fin emprende veloz marcha, y los niños quedan a salvo.

 

 

TOP