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Jesús se hizo alumno y está en nuestras aulas

Jesus se hizo alumno y esta en nuestras aulas

 

EDUCACIÓN

A los educadores les toca hacer vivo hoy el carisma de Don Orione en los ámbitos escolares, encarnando a Jesús en cada alumno.

 

Hace cien años los pies de Don Orione pisaban por primera vez nuestro suelo. Cien años llenos de historia orionita. A cien años de su primer paso, hoy su sentir sigue caminando y haciéndose presente a través nuestro. Cien años enmarcados en una forma de ver y sentir el Evangelio. Buscando ver “al Hijo del Hombre, en el hombre”.

Para los que estamos abocados a la educación, también nos toca hacer vivo el carisma orionita en nuestros ámbitos escolares.

Las cartas educativas de Don Orione ‒que también surgieron desde Argentina‒ siguen enmarcando nuestro andar. Con una mirada retrospectiva, ahondando no solo en sus escritos, sino conociendo los recuerdos y vivencias de los que compartieron con él momentos de su vida, contemplando sus escritos plasmados en sus vivencias, opciones y acciones, todo nos mueve a preguntarnos: ¿Cuál es el camino de Don Orione, que enmarca el andar de nuestro hecho educativo hoy?

En este breve escrito no quiero abocarme a acciones pedagógicas en vista a reflexionar o aportar herramientas para la educación integral de nuestros alumnos. Sino a reforzar ese anhelo de Don Orione que enmarca todo nuestro quehacer pedagógico, que hoy más que nunca la Providencia nos invita a vivir.

En nuestra fiesta litúrgica del 16 de mayo, el texto evangélico de Mateo 25, se vuelve a nuestros oídos un bálsamo de esperanza, misericordia, oración y confirmación del camino a seguir. Los orionitas, a partir de la vida de Don Orione, de su afán, su hacer, sus palabras, hemos podido sintetizar en ese texto nuestra dinámica espiritual.

Una vida que se hace oración, en la acción y bendición en el contacto con el otro (“Vengan benditos de mi padre”), gesto de misericordia, que encuentra a un Jesús escondido en los ropajes de cientos de personas, chicos, chicas y jóvenes con los que nos encontramos diariamente.

Cuando hablamos de educación orionita, también hablamos de ese trato que Don Orione encarnó con decenas y decenas de personas. Un Don Orione que buscaba encontrarse con la humanidad expuesta en condiciones marginales. Don Orione es, en sí mismo, humanidad evangelizada, y evangelizadora. “En el más desecho de los hombres, brilla la luz de Jesús” (Don Orione). Jesús estaba en todos, y en todos lo buscaba.

Buscando una metáfora litúrgica en Don Orione sucede a la inversa, pero con el mismo resultado de la gota de agua que vertimos en el cáliz lleno de vino, durante el ofertorio. El sino litúrgico previo a la consagración eucarística nos habla de la humanidad (Gota de agua) fundida en la Divinidad (Sangre de Cristo). Don Orione es contacto con la vida humana sufriente (agua) que se deja divinizar con una gota de vino (Sangre de Cristo). Sangre de Cristo que se funde en la humanidad que se diviniza.

¿Cuál es la humanidad sufriente de la escuela hoy, en el comienzo de este nuevo centenario?

En el hecho educativo, ¿a qué estamos llamados a arrojarnos? ¿Qué nos grita como un fuego nuevo? ¿En qué vamos a quemar la vida los educadores que nos decimos orionitas?

Los años de pandemia y sus consecuencias han expuesto nuestras debilidades, como las de nuestros chicos y jóvenes.

En cuanto a nuestros estudiantes, el encierro, las horas vacías de “un otro”, las pantallas que entretienen pero no llenan, la falta de palabra, contacto físico, peleas familiares, falta de contactos con sus figuras parentales, ha generado que las necesidades propias de afecto manifestado en decenas de distintas reacciones.

La exposición a los contenidos de internet: pornográfico, sensualizado, alentaron el despertar sexual y sin contexto, con expresiones afectivas bloqueadas por pantallas, terminando en un ensimismamiento de auto complacencia llevando en muchos casos al vacío y sobre exposición.

El déficit de atención es evidente, sobreestimulados por un lado, y con atención dispersa por otro. Sin juegos lúdicos y socializadores, pero sí con drogas y alcohol al alcance de la mano. Promiscuidad exacerbada por una cultura estimuladora, pero con falta de contención y respuestas de las necesidades reales y básicas de cada ser humano, amar y ser amado, ha dejado a tantos y tantos chicos y jóvenes cerca del suicidio como nunca antes lo hemos visto.

Junto a cada chico y joven, encontramos padres desorientados, sin tiempo para pensarse, y pensar. A la defensiva, queriendo amar pero sin poder limitar, propio del amor. Sin saber lo que es lo mejor y sin poder imponerse a un contexto que presiona y es muy difícil hacerle frente. Ello conlleva en muchas situaciones poner a la escuela en la vereda de enfrente de los sentimientos fluctuantes de sus hijos.

¡Y acá nosotros! Asumiendo con espíritu misionero este hecho educativo.

El párrafo descripto no es una realidad propiamente de las escuelas orionitas. Es compartido con la sociedad. Nuestros contextos sociales, pueden o no potenciar las problemáticas. En nuestras manos está responder como hijos de Don Orione, asumiendo la misión que la Providencia nos presenta o llorar sobre las “cebollas de Egipto que no volverán”.

Estos días lloraba una docente por el mal trato que había recibido, al realizar una denuncia por abuso, por parte de la parte acusada. Luego de secar sus lágrimas, la respuesta que emanó en nuestro diálogo fue: “Nosotros optamos estar allí”. Elegimos, y Dios nos eligió. Queremos vivir la la frase poética “ponme Señor en la boca del infierno”, que expresaba Don Orione a Dios en pos de la salvación de los hombres.

Acaso, lo que hemos enumerado, y todo lo que nos quedó por enumerar, ¿no es estar en los umbrales propiamente del infierno?

La carne herida se nos presentó sin preguntarnos, y acá estamos, somos gente de esperanza, y no miramos la humanidad por la humanidad misma, sino que buscamos acercar el bálsamo y la caricia que trae consigo el Vino de la Salvación.

Muchos de los asistentes del cottolengo al comenzar el día higienizando a los residentes, quedan impregnados en muchas ocasiones del “perfume” de la humanidad del otro. Pero también podemos afirmar que “el otro” queda impregnado de los buenos sentimientos, miradas, devolución de dignidad que conlleva un trato cristiano, y paternal y maternalmente orionita.

Don Orione, aquel hombre con un corazón sin fronteras, no le puso límites a sus relaciones, fraternizó con todas clases de personas, en muchos casos adversas a la fe, pero para cuantas de ellas fue el bálsamo de algo distinto. Cuantos encontraron en su mirada, palabras y gestos, salvación.

Hoy más que nunca el hecho educativo necesita de palabra de vida. Mirada personalizante. Discernimiento crítico, experiencias colmadas de sentido. Trabajar en el inconsciente colmándolo de buenas experiencias.

Que el nuevo centenario nos encuentre vinculándonos con nuestros chicos y jóvenes desde el amor. Un amor que personaliza, que los hace visibles, que los quiere como únicos. Un amor personalizante, inclusivo, que no deja a nadie al margen. Que pondera los valores que nos hacen ser familia, fieles a todo lo que construye la vida y nos hace vivir mejor, en abundancia.

Una educación llena de conocimientos, de experiencias vivenciales, de deporte hecho energía, fundidas en el bálsamo del sentido. Una educación que educa la humanidad y se humaniza a la vez. Una educación en que la gota de la misericordia hace vivir profundamente nuestro ser humano, ya que en la persona de Jesucristo, encontramos el verdadero sentido de lo que somos.

Nuestro carisma es estar sumergidos en humanidad, cuerpo a cuerpo, con sabor, que saborea al que llamamos Vino Nuevo, renovado en la Pascua que acabamos de celebrar.

*Encargado de la Pastoral Educativa

 

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