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Solo el amor convierte en milagro el barro

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En Barranqueras, niños y adolescentes de familias socialmente vulnerables cuentan con el apoyo del Proyecto Tortuga para continuar yendo a la escuela.

Por Mirtha Niveyro, co-coordinadora del Proyecto Tortuga

 

En las zanjas de los barrios de la ciudad de Barranqueras, Chaco, donde pareciera que es imposible que haya vida, hace un tiempo aparecieron tortugas. Sí, tortugas. Un hecho que tomamos como signo de esperanza: aún allí en donde nadie cree ni confía, donde nuestros niños son descartados, nosotros como hijos de Don Orione confiamos que puede haber una vida distinta para ellos.

De esta rara circunstancia nace el nombre del Proyecto Tortuga, que ya lleva siete años de trabajo con el apoyo de la comunidad orionita de Barranqueras, gracias a cuya generosidad nos permite sostener la tarea de prevención social y ayuda escolar a niñas y niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad para que se mantengan dentro del sistema educativo.

 

Levantar cabeza

Esta iniciativa nació para atender una realidad muy dolorosa: niños que estando escolarizados no sabían leer ni escribir, con familias sumamente desprotegidas, muy pobres y con integrantes atravesados por adicciones.

Luego de un tiempo de oración y discernimiento, varios integrantes de la comunidad orionita de la parroquia Inmaculada Concepción nos preguntamos "qué haría Don Orione ante esta realidad". No dudamos en responder que pondría manos a la obra.

Así emprendimos el desafío de ayudar a las familias con un acompañamiento integral, no solo material, sino también espiritual y atención en la salud y trámites y, particularmente, la escucha a sus necesidades de expresarse.

El proyecto funciona los sábados y, desde este año, sumamos espacios para que adolescentes que están en el nivel secundario concurran dos veces entre semana. En total son 20 niños y niñas del nivel primario y 7 adolescentes. Junto a sus hermanos ‒a quienes también se atiende‒ suman 50 chicos vinculados al proyecto.

 

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Respuestas desde el corazón

Las docentes, cocineras y cuidadoras de los chicos, son todas personas voluntarias. En total son seis docentes para los más pequeños y tres para los adolescentes. Este año se sumó una profesora de inglés. Entre la cocina y la animación contamos con 10 personas y el equipo que coordina y sirve de apoyo a los voluntarios se compone de tres personas.

La actividad de los sábados arranca con el desayuno para los chicos; luego estudian y al terminar tienen un tiempo de juegos y esparcimiento; almuerzan y a las 14 horas se retiran a sus hogares. Tratamos de que cuando estén con nosotros puedan vivir como niños, ya que diariamente esto es muy difícil por el contexto en que se mueven.

En el caso de los adolescentes todo cuesta más porque no muestran interés y en sus casas no tienen el apoyo para seguir estudiando. Pero lo seguimos intentando.

Como parte del proyecto buscamos que las familias se involucren. Así, este año fuimos dos veces a la casa de la Virgen de Itatí, con las familias. Sirvió como un acercamiento, sobre todo con las madres, que son las que acompañan a sus hijos. Fueron experiencias muy lindas de compartir en otro ámbito.

Este año también festejamos dos cumpleaños de 15, con mucho esfuerzo, muchas donaciones y personas que colaboraron aportando la música, los adornos, etc. Las chicas y sus familias estuvieron muy agradecidas.

 

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Tortugas que avanzan

El próximo paso que daremos es la participación en septiembre del campamento anual de niños de catequesis de diferentes comunidades orionitas, que se realiza en Tucumán. Ya nos estamos preparando para que seis niños puedan participar: buscamos padrinos y madrinas que nos ayuden a que puedan viajar, no solo con los pasajes, sino también con ropa de abrigo, zapatillas, artículos de higiene personal, etc.

El campamento es una experiencia que les hace muy bien a los chicos porque ven otras realidades, otros paisajes. El viaje en sí ya es una sorpresa: ir a Tucumán es algo que no sueñan ellos ni sus padres; ayuda a la integración social, vienen contentos por compartir con otros niños. Traen una alegría inmensa.

Pero la realidad es que ‒como ya dijimos‒ tenemos que darles todo lo que se lleva en un viaje. Tenemos mucha ayuda porque nuestra comunidad es muy generosa, pero precisamos que haya nuevas manos y corazones que acerquen sus dones.

Desde nuestro carisma orionita, seguiremos recibiendo a todos, porque sabemos que lo primero es el amor, sin preguntar nada, solo nos interesa cuál es el dolor de quien se acerca a nuestra puerta.

 

NECESIDADES CONCRETAS

- 70 kilos de mercadería por mes: leche, yerba, azúcar, arroz, puré de tomate, etc.
- Camperas desde talle 2 al 14 y para adolescentes hasta la M.
- Zapatillas del número 25 al 42 (50 pares).
- Padrinos / Madrinas para el campamento: cada pasaje cuesta 15 mil pesos.

 

También queremos que se sumen docentes, cocineras, jóvenes que puedan jugar los sábados con los niños y profesores que nos puedan ayudar con los adolescentes.

* El título de esta nota es un verso de la canción "Solo el amor" de Silvio Rodríguez.

 

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