“Prega per me”: El humilde pedido de Don Orione en el día de su ordenación

(13/04/2026) El 13 de abril de 1895, la Iglesia y el mundo recibían un regalo que transformaría la vida de miles de personas. Aquel Sábado Santo, en la pequeña capilla del Seminario Diocesano de Tortona, el diácono Luis Orione era ordenado sacerdote por Mons. Igino Bandi.

Desde ese primer instante, su ministerio estuvo marcado por la humildad. Al igual que lo hace el Papa Francisco al iniciar su pontificado, Don Orione comenzó su servicio con un pedido fundamental: “Prega per me” (Reza por mí), palabras que escribió de puño y letra en la estampa recordatoria de aquel día.

Testigos de un momento de gracia

A pesar de que el espacio era reducido, la calidez de los afectos rodeó al nuevo sacerdote. Estuvieron presentes su madre, Carolina, sus hermanos Benito y Alberto, sus tíos Carlín y Cristina, y representantes del Colegio “Santa Chiara”, obra que el propio Don Orione ya dirigía.

Quienes estuvieron allí recordaron siempre la emoción profunda del “novel levita”. El P. Juan Balduzzi testimoniaba años después: “Resuena todavía en mis oídos el vigoroso aplauso, lleno de entusiasmo, con que fue acogido, mientras él se disolvía en lágrimas. ¡Cuántos sentimientos estaban expresados en aquellas lágrimas!”. Por su parte, el Rector del Seminario, Mons. Novelli, citó las Escrituras para referirse a él con un juego de palabras por su nombre de pila: “Hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan” (recordando que el nombre completo del Santo era Juan Luis).

Un “segundo Don Bosco” desde sus inicios

Incluso entre sus compañeros de ordenación, la figura de Don Orione ya irradiaba una luz especial. El capuchino P. Alejandro de Cumbels, ordenado junto a él, recordaba: “Ya desde entonces Don Orione era estimado como un santo. Recuerdo muy bien que era considerado por todos como un segundo Don Bosco, especialmente por su gran celo por la salvación de las almas y de la juventud”.

Como testimonio de aquel día, se conserva una foto donde posa junto a su tío Carlín y su primo Emilio, una imagen que captura la sencillez de sus orígenes.

Recordatorio de la ordenación escrito a mano

Pan, paz y paraíso: las primeras misas

Fiel a su estilo, sus primeras celebraciones eucarísticas marcaron lo que sería su norte pastoral. La primera fue en el Colegio “Santa Chiara” y la segunda en la Cárcel de Tortona, donde ya se había hecho amigo de los detenidos, demostrando que su lugar siempre estaría junto a los más postergados.

Don Orione reveló tiempo después qué le había pedido a la Virgen en aquel primer encuentro ante el altar: “Pedí que me otorgara tres gracias: pan, paz y paraíso; y tengo razón para creer que la Virgen nos obtuvo estas tres gracias para quienes trabajan conmigo en la Pequeña Obra”.

La visión de un pastor sin fronteras

En 1917, Don Orione plasmó por escrito su visión sobre el sacerdocio, un texto que hoy sigue siendo una brújula para la Familia Orionita. En él, expresaba su convicción de que el sacerdote debe salir a buscar especialmente a quienes se alejan de Dios:

“Preservarme, pues, Dios mío, de la funesta ilusión de que como sacerdote debo ocuparme sólo de los que vienen a la iglesia… Mi ministerio sería más fácil, pero yo no viviría del espíritu de caridad apostólica hacia las ovejas perdidas que resplandece en todo el evangelio”.

Hoy, al celebrar un nuevo aniversario de su ordenación, renovamos nuestro compromiso de vivir bajo esa “caridad infatigable” que Don Orione nos enseñó, pidiendo siempre por nuestros sacerdotes y por los frutos de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.

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