
(11/05/2026) En el marco de la novena preparatoria para la fiesta de San Luis Orione, la comunidad del Pequeño Cottolengo de Córdoba vivió una jornada de profunda fe y cercanía. El pasado domingo 10 de mayo, el Arzobispo de Córdoba, Card. Ángel Rossi sj, presidió la Eucaristía dominical.
Durante su homilía, el Cardenal compartió reflexiones que calaron hondo en el corazón de los fieles y residentes, vinculando el mensaje del Evangelio con el carisma orionita de la caridad operante.
Un deseo antes que una doctrina
El Cardenal Rossi comenzó recordando que el mensaje final de Jesús no fue una serie de preceptos abstractos: “El Señor, en su despedida, no nos dejó una doctrina… sino un único deseo: ¡Amémonos! Si aprendimos a amar, aprendimos lo fundamental, con la condición de que sea un amor concreto”.
En ese sentido, destacó la labor que se realiza diariamente en la institución: “Estamos hoy en el Cottolengo Don Orione, un lugar donde el amor se manifiesta en concreto y no con palabras. Decir la misa hoy y en este lugar es un privilegio”.
La bondad de las manos
Retomando una idea del P. Arrupe, el Arzobispo habló sobre la importancia de la “bondad de las manos”, esas que son el motor de la Obra: manos que ayudan, que enjugan lágrimas y que no tienen pudor al pedir por los demás. “Rezamos por los necesitados”, enfatizó, poniendo el foco en la vulnerabilidad y la entrega.
Un llamado contra la indiferencia y el “sadismo institucional”
Con la franqueza que lo caracteriza, el Card. Rossi lanzó una advertencia contundente sobre la realidad social y el trato hacia los más frágiles. Señaló que “favorecer a los opulentos y restringir ayuda a los enfermos, a los discapacitados, a los jubilados, es signo de decadencia y de sadismo personal”.
Incluso fue más allá, hablando de un “sadismo de Estado e institucional”, advirtiendo que nadie está exento, incluidos los hombres de Iglesia: “La Iglesia de Cristo es la Iglesia del amor… tenemos que dar razón de nuestra esperanza y del amor”.
Hacia la fiesta de nuestro Fundador
Esta celebración se inserta en un clima de alegría y oración mientras nos acercamos a la fiesta de San Luis Orione. La presencia del pastor de la Iglesia cordobesa en el Cottolengo renueva el compromiso de toda la familia orionita de seguir siendo “faro de caridad” en medio del mundo.