Itatí: un corazón desbordante de fe, esperanza y caridad a los pies de la Madre

(17/07/2026) Con el corazón desbordante de emoción y una multitud que colmó cada rincón del santuario, el pueblo de Itatí y miles de peregrinos de todo el país celebraron los 126 años de la Coronación Pontificia de la Virgen. Bajo el lema “Junto a María de Itatí somos testigos de esperanza y alegría”, las jornadas estuvieron marcadas por la profunda devoción mariana, las lágrimas de agradecimiento y el tradicional espíritu orionita de acogida y servicio.

Cabe recordar que la Obra de Don Orione (Hijos de la Divina Providencia) está a cargo de la Basílica y Santuario de Nuestra Señora de Itatí. Desde su llegada el 25 de enero de 1936, la congregación custodia el templo con ese amor apasionado a la Virgen que el propio san Luis Orione nos legó, haciendo de este faro de fe un espacio de encuentro y consuelo para toda la región.

Un saludo a la medianoche cargado de esperanza

Los festejos comenzaron puntualmente a las 0 horas del 16 de julio, con el emotivo Saludo a la Virgen de Itatí. Ante una marea de fieles que llegaron desde cerca y desde muy lejos, la Casa de la Madre abrió sus puertas para dar la bienvenida a todos por igual: a quienes repiten este gesto año tras año y a quienes pisaban el santuario por primera vez.

En una noche iluminada por la fe, los peregrinos acudieron a la “Virgen de la Esperanza” entregando sus corazones cargados de intenciones: acciones de gracias y alegrías compartidas, pero también ansiedades, tristezas e incertidumbres. En la oración comunitaria, se elevó una profunda súplica por nuestra patria, pidiendo a la Tiernísima Madre que derrame su bendición para que reine la armonía entre los hijos de esta tierra y que el amor y la unidad nos conduzcan hacia un destino de progreso. Hubo un pedido muy especial por la protección de los más vulnerables, los pobres y los desamparados, renovando el compromiso de construir un futuro mejor con el aporte de todos, bajo los senderos de la fraternidad social, la solidaridad, la justicia y la caridad.

Historia, fe y el encuentro con su pueblo

Durante el día central, la Basílica se convirtió en el epicentro de una fiesta inolvidable. La Santa Misa Central se celebró en un atrio colmado y fue presidida por el Arzobispo de Corrientes, Monseñor José Adolfo Larregain.

La celebración eucarística contó con una destacada concelebración eclesiástica, reflejando la comunión de la Iglesia y la fuerte presencia de la familia orionita. Acompañaron Monseñor Adolfo Uriona (Obispo de Río Cuarto, Córdoba), Monseñor Juan José Chaparro (Obispo de Merlo-Moreno), el Padre Claudio Muñoz (Rector del Santuario de Itatí) y el Padre Eldo Musso (Superior Provincial de la Obra Don Orione). También estuvieron presentes el Padre Gabriel López, el párroco de San Luis del Palmar, Padre Epifanio Barrios, y numerosos sacerdotes visitantes que llegaron pastoreando a sus respectivas delegaciones.

El momento más esperado y emotivo de la jornada se vivió al finalizar la misa, cuando la imagen de la Virgen de Itatí descendió del atrio para recorrer el frente del santuario. Entre pañuelos y banderas al viento, rezos y lágrimas de emoción, la marea de peregrinos pudo sentir de cerca la bendición de la Madre, en un marco imponente acompañado por los acordes de la banda de música de la Policía de Corrientes.

El abrazo de los pueblos en el río y la clausura de los festejos

Como ya es una hermosa tradición, las aguas del río Paraná fueron testigos del emocionante encuentro náutico entre la imagen de María de Itatí y la Virgen de Caacupé, uniendo en la fe a los pueblos hermanos de Argentina y Paraguay. Tras el desembarco, una multitud escoltó la procesión hasta la Basílica para participar de la Misa Solemne, que contó con la presencia de autoridades provinciales, municipales y del vecino país.

El broche de oro de estas patronales tuvo lugar a las 19 hs con la Misa de Clausura, presidida por el Padre Eldo Musso, Superior Provincial de la Obra Don Orione. En su homilía, el Padre Eldo agradeció de corazón a todos los peregrinos por el enorme testimonio de amor, fe y sacrificio manifestado al viajar desde tan lejos para estar presentes junto a la Madre.

Por su parte, el rector del santuario, Padre Claudio Muñoz, dedicó unas sentidas palabras de gratitud hacia los servidores locales y de manera muy especial a todos aquellos jóvenes y laicos que llegaron desde distintas comunidades orionitas del país para ponerse la pechera y servir con alegría a los peregrinos. Asimismo, reconoció la inmensa labor de los agentes de pastoral durante la Solemne Novena y el Triduo preparatorio.

La fiesta concluyó de la manera más tierna: entre aplausos, vivas y lágrimas en los ojos, la multitud unió sus voces para cantar “Adiós Reina del Cielo”, despidiendo a la Virgen con la promesa fiel de volver a encontrarse pronto a sus pies.

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