
(11/12/2025) A pesar de la jornada de lluvia, la fe inquebrantable de miles de peregrinos y devotos de la Virgen de Itatí se hizo sentir con fuerza. Arribaron al Santuario, en una nueva y conmovedora demostración de amor a la Madre de Jesús, para celebrar la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el pasado 8 de diciembre.
El Compromiso Orionita con la Casa de María
El Santuario y Basílica de Nuestra Señora de Itatí está a cargo de la Obra Don Orione (Hijos de la Divina Providencia) desde el 25 de enero de 1936, manteniendo una larga y profunda tradición de servicio a los peregrinos y a la comunidad.
Una Fe que vence distancias
Desde días antes al 8 de diciembre, los caminos se llenaron de signos de devoción. Comenzaron a llegar peregrinos en bicicletas desde la provincia de Misiones, también desde Santa Fe y Chaco; así como jinetes de distintos pueblos y parajes de la provincia de Corrientes, llenando de vida y movimiento la pequeña localidad.
Durante la jornada central, el Santuario se vio repleto de fieles provenientes de todo el país, que acudieron a los pies de María de Itatí.
Cierre de la Fiesta y Misión 2025
La última Misa del día, a las 19 hs., marcó el momento culminante de la fiesta. La celebración fue presidida por el Arzobispo de Corrientes, Mons. José Adolfo Larregain, y concelebrada por el Rector del Santuario, Padre Porfirio Ramírez, y el Vicario Parroquial, Padre Feliciano de los Mozos.
En el marco de esta Eucaristía, los niños hicieron su Comunión Solemne y se realizó la clausura de la Misión 2025 por los hogares itateños, una valiosa actividad parroquial que fue coordinada por los misioneros de manzana.
Luego del momento de la Comunión, el Padre Ramírez agradeció a todos los que con su servicio voluntario trabajaron para la celebración del triduo y esta gran fiesta de Mamá María. A su vez, agradeció a Mons. Larregain por compartir la fiesta y le obsequió un calendario de la Virgen, deseándole un bendecido 2026.
El adiós a la Reina del Cielo
Posteriormente, se realizó la procesión con la imagen de la Virgen por el interior del templo. Mons. José Adolfo Larregain dio la bendición final y se entonó el emotivo “Adiós Reina del cielo”, a cargo del grupo “Jopará”, que amenizó el trayecto de la procesión.
Una vez más, la fiesta de la Inmaculada Concepción demostró el profundo amor y la gran devoción de los peregrinos que estuvieron a los pies de María de Itatí.
“Toda la felicidad de estar en la casa de la Virgen”
Don Orione viajó en Itatí para conocer a la María. Compartimos el relato del viaje contado por él mismo en una carta:
“A bordo del Vaporcito General Artigas, 24 de junio de 1937. En viaje al Chaco y a Itatí. Como pueden ver, tengo el gusto de escribirles mientras viajo por el Paraná, para saludar -quizás por última vez en mi vida- a esos queridos hermanos nuestros, sacerdotes y clérigos, que trabajan para defender y salvaguardar nuestra fe: son los que están más lejos de Buenos Aires, en el centro del Chaco y en Itatí, en el límite de la Argentina, frente al Paraguay. (…) Antes de ayer y ayer hizo mal tiempo, pero hoy salió el sol y comienza a sentirse mucho calor. En Bs. As. hacía mucho frío.
Este río Paraná es anchísimo y tranquilo, se puede descansar y trabajar. Cuando embarqué, estaba agotado y casi no podía caminar; ahora estoy descansado y recuperado de fuerzas y de voluntad. En el puerto de Rosario subieron a verme los nuestros -les habían avisado los de Buenos Aires-; están bien; los visitaré en el viaje de vuelta.
En este hermoso vaporcito también se puede trabajar. Celebré misa los dos días de viaje, y espero poder hacerlo también mañana.”
Tres días en barco desde Buenos Aires a Resistencia, en un viaje plácido y descansado. Pero veamos como fue el tramo final, de Resistencia a Itatí. En carta fechada en Itatí el 27 de junio, dice:
“Al fin aquí estoy, en Itatí, bajo la mirada de María Santísima. que en este rincón de América es venerada en una de sus imágenes más milagrosas. La trajo aquí un santo padre franciscano, el P. Bolaños, evangelizador de los indios. Está sepultado en Buenos Aires y yo fui a orar ante su tumba, en la iglesia de San Francisco.
Llegué a Itatí después de tres horas de auto: fue un viaje a toda velocidad, a los saltos, por los baches y montículos de la calle; tanto que para no terminar deshecho por mi dolor de riñones y para amortiguar los sacudones y salvarme tuve que tener los brazos rígidos y las manos apoyadas firmemente en el asiento durante todo el tiempo, en una constante maniobra de sube y baja: era como andar en la montaña rusa. Por fin apareció el Santuario de Itatí, y ¡qué suspiro de alivio! El cansancio y el dolor de riñones se esfumaron, todo desapareció.
Cuando entré, la antigua iglesia estaba repleta de devotos; me arrodillé en el fondo, en el rincón del publicano y sentí toda la felicidad de estar en la casa de la Virgen.
Don Orione”.