
El 28 de mayo de 1944 el Cottolengo Don Orione de Tucumán abría sus puertas, y en él comenzaban a vivir las primeras 90 personas con discapacidad.
La necesaria la acción de la divina providencia para llegar a aquel momento nos trae el recuerdo de tres importantes personas fueron instrumentos importantes para concretar este sueño: monseñor Agustín Barrere, obispo de Tucumán, quien conoció, charlo e invitó a Don Orione a que asumiera una parroquia en la provincia del norte argentino; Don José Zanocchi, superior provincial de la Obra Don Orione, quien dedicó mucho tiempo a cultivar el sueño de llegar a Tucumán, y en 1944 se trasladó al jardín de la república para vivir más de un mes en el momento en que se terminaba la construcción y se inauguraba el Cottolengo. Por último Don Evaristo Etchecopar, tucumano, de generoso corazón que deseaba realizar una obra de caridad en honor a su difunta esposa.
El contexto estaba preparado, cada uno dio lo mejor de sí y la semilla de la obra Don Orione comenzó a crecer en Tucumán.
Hoy, 70 años después, en el Pequeño Cottolengo trabajan en el hermoso y gran desafío de terminar un nuevo hogar para los 110 residentes con distintas discapacidades que viven en la institución.
En ellos se ve realizada la bienaventuranza proclamada por Jesús: “Felices los que tienen el corazón puro porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8).
Pequeño Cottolengo de Tucumán, Av. República del Líbano 2148- San Miguel de Tucumán. TEL / FAX (0381) 427 6879- cottolengotucuman@donorione.org.ar
Informe: P. Aníbal Quevedo fdp