
La Congregación comenzó trabajando en el servicio de teléfonos y luego en el Correo Vaticano. El mismo Don Orione preparó cuidadosamente el inicio de esta actividad, y bendijo su comienzo. Hoy en día el jefe de Correos y Telégrafos del Vaticano es Don Attilio Riva junto con Don Stefano Bortolato y el hermano Antonio Francisco Porto dos Reis.
El 27 de Diciembre de 1939 Don Orione escribió a Don Silvio Parodi: “el Cardenal Canali pidió cinco personas de total confianza, que serán los encargados de la central telefónica del Vaticano”. Él mismo escogió los nombres: “Felice Bortignon, Contoli José, Juan Dalla Libera, Raffaele Mattei y Scarsoglio Francesco. Uno de ellos se empleará durante la noche; otros dos en la mañana y los dos restantes por la tarde (…). Son buenos hijos que van a dar buen ejemplo y dedicación. Todavía no se decide si se deben vestir como el clero secular o de clérigos (…). “
Durante la noche del 31 de enero de 1940, Don Orione informa a los hermanos y clérigos del Paterno de Tortona: “Hoy Don Sterpi fue a Roma para presentar al Vaticano los cinco hermanos que mañana tomarán posesión del cargo. En el Vaticano hay teléfono, no hay central telefónica, todo va directo al teléfono de la oficina central. El actual Papa nos ha confiado este importante cargo. ¿Cómo él pensó en los pobres Hijos de la Divina Providencia? No sé. Es un acto del Santo Padre del que debemos estar orgullosos y que me reconforta en medio de tantas penas, y espinas! Claro, queridos Hijos de la Divina Providencia, fue un gran consuelo para mí! Cuando me enteré de esto me dije: llegó el día en que los Hijos de la Divina Providencia fueron llamados a entrar en el Vaticano y debemos pagar este acto con inmensa lealtad, amor, servicio y apego al Vicario de Jesucristo“.
El 15 de Febrero de ese mismo año Don Zanocchi escribe con satisfacción: “El 1 de Febrero cinco de nuestros religiosos entraron al Vaticano, al servicio directo del Santo Padre. A nuestra congregación se la encargado una oficina de la mayor confianza, es decir, la centralita telefónica de la Ciudad del Vaticano, porque entiendo que el Santo Padre está muy satisfecho“.
Don Orione estaba muy entusiasmado con este nuevo servicio que la Congregación podría hacer directamente a la Santa Sede. Sabemos las precarias condiciones en las se encontraba en aquel febrero de 1940, menos de un mes después de su muerte.
El “Convenio” entre el Gobernador de la Santa Sede y la Congregación fue firmado el 10 de junio de 1940, pero “con efectos a partir del 1 de febrero”, de ese mismo año.