
P. Guillermo y Diác. Fernando
El sábado 5 de abril la Obra Don Orione se llenó de alegría por la Ordenación de dos de sus religiosos: Guillermo Campos como sacerdote, y Fernando Guevara como diácono recibieron el don del ministerio por la imposición de manos y la oración del Obispo de Añatuya, Mons. Adolfo Uriona, fdp.
La ceremonia se celebró en un clima de fe y alegría, en el templo parroquial de “San José Benito Cottolengo” de la ciudad de San Miguel de Tucumán, donde asistieron una gran cantidad de fieles, familiares y amigos, además de numerosos jóvenes, religiosos y sacerdotes provenientes de las diferentes comunidades orionitas del país y del Paraguay.
Al día siguiente el P. Guillermo celebró en el mismo lugar su primera Misa, dando gracias a Dios por este ministerio de misericordia recibido para ser puesto al servicio de todo el Pueblo de Dios.
En sus palabras de agradecimiento, el P. Guillermo llamó a los jóvenes a escuchar con confianza la llamada de Dios, y a responder con valentía “entregando la vida totalmente al Señor y a la Iglesia”.
El P. Guillermo está actualmente en la Comunidad de Sáenz Peña (Chaco) y el Diác. Fernando en la comunidad orionita de Amecameca (México).
Compartimos la homilía de Mons. Uriona que pronunció en la Misa de las Ordenaciones:
Queridos hermanos:
La comunidad orionita de Tucumán, junto con sus familiares y amigos, se llena hoy de alegría por la ordenación diaconal de Fernando y la sacerdotal de Guillermo.
El diaconado, en el caso de Fernando, es transitorio es decir es el paso previo al sacerdocio. A través de este ministerio de servicio podrá bendecir, predicar, administrar el sacramento del bautismo y asistir los matrimonios.
A su vez, el sacerdocio que recibirá Guillermo es conferido por la imposición de manos, la oración consecratoria y la unción en las manos; de esta manera, por la mediación del obispo, actúa el Espíritu Santo haciéndose presente él mismo. Por tanto, ustedes recibirán al Espíritu Santo en dos grados diferentes.
Quiero destacar primeramente el hecho de la unción. En un momento de la celebración yo voy a ungir las manos de Guillermo con el Santo Crisma. Con las mismas podrá bendecir, perdonar los pecados, ungir a los enfermos y, particularmente, consagrar la Eucaristía.
El Papa Francisco, al hablar a los sacerdotes, insiste en el tema de la unción. Nos preguntamos: ¿para qué será ungido Guillermo?
Para ser “otro Cristo” y así, como ÉL, llevar la buena noticia a los pobres, vendar los corazones heridos, proclamar la liberación, anunciar la Gracia de Dios… No hay que perder de vista nunca esto.
Usando el lenguaje del evangelio de Juan que hemos leído, podemos decir que serás ungido para “cuidar al Pueblo de Dios”. Esa será tu misión, particularmente dentro del carisma orionita en su variedad de servicio a los más pobres, dentro de la Iglesia. Este cuidado se hace hoy más necesario por las precarias y dolorosas situaciones que a diario vive nuestra gente.
Por otra parte para poder cuidar al pueblo deberás vivir la certeza, que sólo se percibe en la oración, de ser vos mismo “cuidado por el Padre”.
Así Jesús lo pidió, en la noche de la última cena, para sus discípulos: “Padre santo, cuida en tu nombre a aquellos que me diste” (Jn 17,11b)
La unción sacerdotal lleva al cuidado de los demás y a la conciencia de que somos cuidados por el Padre que nos ama, por la Providencia misericordiosa en lenguaje de nuestro Padre Fundador.
Para vivir a pleno esta misión de “cuidar”, la unción también los ha de llevar a “dejarse conducir por el Espíritu”, tal como lo hizo Felipe y que leímos en la segunda lectura.
Esto es algo no fácil de aprender y vivir dado que exige discernimiento, docilidad y mucha práctica. Es el ideal de los hombres santos que nos presenta la Escritura.
Felipe podía haber dudado cuando el Espíritu lo impulsa a ir a un camino desierto, ¿a quién va a predicar la Palabra de Dios allí?, la evangelización, ¿no se hace en las ciudades, en los pueblos?…
Sin embargo obedece y así pudo anunciar la Palabra, convertir y bautizar a este funcionario de la reina de Etiopía haciendo que por su intermedio la Buena Noticia llegue a aquel país pagano.
“Los caminos de Dios no son nuestros caminos” y el discernimiento de sus designios requiere fe, oración y compromiso audaz.
Recapitulando, serán ordenados para ser hombres conducidos por el Espíritu quien siempre los impulsará, si son fieles y dóciles, a cuidar al Pueblo de Dios.
San Luis Orione, desde el cielo, no deja de alentarlos a tener un amor grande por el Papa, por la Iglesia y los pobres y la Virgen Ssma., Madre de los sacerdotes, los sostendrá en el caminar que ahora emprenden.
Que así sea.