(19/06/2026) El pasado domingo 7 de junio, la comunidad de Rosario se volvió a abrazar en una jornada inolvidable. El tradicional Almuerzo Solidario a beneficio del “Hogarcito” Don Orione (así es como se llama familiarmente al Cottolengo allí) reunió a cientos de personas que compartieron mucho más que una comida: compartieron la vida, la fe y el deseo de seguir construyendo juntos una sociedad más fraterna.
El patio del Colegio Boneo se transformó nuevamente en el “salón” perfecto de una verdadera fiesta familiar. Mesas dispuestas para el encuentro, charlas compartidas, risas que multiplicaban la alegría y ese clima tan propio de nuestra Obra, donde cada uno se siente en su propia casa.
El sabor de la solidaridad y el servicio
El menú —el clásico y riquísimo arroz con pollo o pollo con ensalada— fue el pretexto ideal para ponernos en sintonía de celebración. Pero el verdadero condimento de la jornada lo pusieron los servidores. Con una disposición admirable, una sonrisa permanente y el corazón listo para dar, los jóvenes y voluntarios se cargaron el evento al hombro, contagiando su entusiasmo a cada mesa.
Como bien expresaban algunos de los presentes en las redes, ver a las nuevas generaciones comprometidas nos llena de esperanza: “¡Que el mundo vea de lo que es capaz la juventud cuando se mueve por los demás! ¡Ave María y adelante!”. Otro de los ecos que resonaron con fuerza fue el reconocimiento a su entrega: “Qué hermosa jornada que pasamos y felicitaciones a esos jóvenes que eligen colaborar para una causa tan hermosa”.
Un impulso para el Hogar de Rosario
Más allá del hermoso momento compartido, la gran alegría de la jornada es saber que cada tarjeta, cada donación y cada gesto de cercanía se traduce directamente en un alivio y un impulso para el Hogar Don Orione de Rosario.
Todo lo recaudado está destinado al sostenimiento y la atención integral de las personas con discapacidad que allí residen. Saber que este gran esfuerzo colectivo ayuda a mejorar la calidad de vida de los residentes del “Hogarcito” es el mejor postre y el aplauso más cerrado que nos pudimos llevar.
A toda la comunidad de Rosario, a las familias, a los benefactores, a los que cocinaron y a los jóvenes que sirvieron: ¡Muchas gracias! Como nos enseñó San Luis Orione, en la caridad se encuentra la verdadera alegría.