Aprendiendo cada día a comunicarnos

Aprendiendo cada dia a comunicarnos

 

(12/12/2016) En el Hogar Don Orione de Mendoza, los pequeños detalles tienden puentes y abren puertas para facilitar a cada residente lo que necesita y lo que desea.

En la calma vespertina de la calle Juan B. Justo al 1500 de Godoy Cruz, un grito irrumpe con fuerza. “¿Qué pasó?”, pensé sobresaltado. Apenas bastó que diera vuelta la cabeza para ver una escena que me hizo recordar al viejo comediante Benny Hill y esa música tan graciosa de cuando lo perseguían. Era Pablo, de 33 años, que corría apurado para que las auxiliares no lo atraparan y lo llevaran fuera del comedor. Porque además de tener retraso mental y rasgos autistas, “el Pablo” ostenta un pícaro sentido del humor. Le encanta tirar los vasos cuando ya están puestos para la cena, disfruta escucharlos caer y, sobre todo, ver las corridas de las auxiliares. Lo que no le gusta ni medio es que lo dejen afuera, así que ahí está, quejándose a voz en cuello, como lo haría cualquiera.

“Desde que entrás acá te das cuenta que la comunicación entre las personas no se limita a la palabra oral y escrita, sino que hay mil y una formas que vamos aprendiendo todo el tiempo, y es cada uno de ellos quien te lo enseña”, hace notar Mónica Wancel, la coordinadora técnica del Hogarcito. Junto con Pablo son 23 los residentes del Hogarcito Don Orione de Mendoza, que también cuenta con un Centro de Día al que concurren otras tres personas. Según explica el P. Rodrigo Revinsky –que lo dirige desde hace 6 años– “este es el hogar menos populoso de Don Orione en Argentina, cuidamos a 19 varones y 4 mujeres de entre 27 y 62 años, que en general tienen una necesidad continua y permanente de ser atendidos en sus necesidades más elementales”.

Pequeños detalles que tienden puentes

En esa búsqueda por comunicarse, Mónica tuvo que aprender a observar con paciencia las señales de cada uno. “En mi carrera de Psicología nos enseñaron a tratar a las personas a través de las palabras, así que era evidente que no me iba a funcionar el método acá porque la mayoría no se expresa así, y fue Ceferino –un muchacho postrado– con quien establecí mi primera comunicación: le hice una caricia y me devolvió flor de sonrisa”, recuerda la coordinadora técnica.

Esa comunicación hecha de sonrisas es lo que se puede ver cotidianamente en el Hogarcito. Por eso Sebastián Alcaraz, el coordinador administrativo, remarca que “este no es un lugar donde se sufre, sino todo lo contrario, tenemos la alegría de trabajar para superar las dificultades y que nuestros residentes vivan en las mejores condiciones que les podamos dar”.

La experiencia de la comunicación no verbal abrió puertas y tendió puentes para facilitar a cada uno lo que necesita y -dentro de lo posible- lo que desea. Así una iniciativa dirigida a los tres chicos con mayores posibilidades expresivas y de discernimiento. Están desarrollando las adaptaciones necesarias para que a través de su lenguaje puedan comunicar sus gustos y sus preferencias en las comidas. En el desayuno, por ejemplo, podrán elegir entre mate cocido, té o café. “Mucha gente cree que ‘nosotros los normales’ tenemos todas las herramientas para comunicarnos y suponen que ellos no las tienen; sin embargo, ellos tienen herramientas distintas, por eso nuestro desafío cotidiano – además de atender sus necesidades fundamentales– es aprender a leer sus lenguajes”, concluye Mónica.

Durante este año, el Hogar Don Orione de Mendoza está festejando 50 años de vida. De cara al presente y al futuro, los desafíos principales tienen que ver con las modificaciones en la parte edilicia. Las habitaciones requieren cambios para recibir menor cantidad de personas con mayor complejidad, el comedor quedó avejentado, necesitan una nueva sala de rehabilitación. El P. Rodrigo hace notar que la falta de pago de las prestaciones de las obras sociales es un serio riesgo para la tarea cotidiana. Pero gracias a distintas personas e instituciones pueden seguir adelante.

“Muchos de nuestros residentes estarían en pésimas condiciones si no estuvieran acá”, repasa el P. Rodrigo. “Mientras estén con nosotros, queremos atenderlos con lo mejor que podamos darles, y aunque sabemos que eso tiene un costo económico importante, contamos con la Providencia expresada por en tanta gente que cree en el valor de cuidar la singularidad de cada persona”, confía.

INFO: Germán Cornejo para Revista Don Orione

 

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