
Por Germán Cornejo para Revista Don Orione
(14/08/2018) La droga es una herida en nuestra sociedad, un veneno que corroe, corrompe y mata”, exclamaba el Papa Francisco en un seminario sobre las adicciones y el narcotráfico realizado el 23 noviembre de 2016. Ya siendo arzobispo de Buenos Aires, el entonces cardenal Jorge Bergoglio conoció de primera mano los efectos que esa “nueva forma de esclavitud” provoca en jóvenes, adultos y también en los niños.
Las comunidades orionitas de Argentina también ven con dolor cómo muchos jóvenes caen atrapados en esas redes que los va destruyendo y “se transforma en la devastación de su integridad, repercutiendo en todas las capas sociales”, como ilustró el Santo Padre.
Por ese motivo, en el marco del Secretariado de Parroquias y Nuevas Fronteras, la Obra Don Orione tomó la decisión de buscar la forma de brindar una respuesta desde el carisma. Así surgió la Pastoral Orionita de Adicciones (POA).
La Parroquia Sagrado Corazón de Claypole había comenzado ya un camino en este sentido, por lo que tomó la posta para ayudar a encontrar, informar y capacitar a las demás comunidades dispuestas a llevar adelante un abordaje de esta problemática. La iniciativa fue madurando y, finalmente, el 28 de abril pasado se realizó el Primer Encuentro de la Pastoral Orionita de Adicciones en Claypole.
Para empezar: llevar la parroquia “fuera de la sacristía”
Habían iniciado el recorrido en 2010, cuando lanzaron el Proyecto Parroquial de Nueva Evangelización (PPNE). “El 12 de octubre de 2010 presentamos el Proyecto a la comunidad, que en ese momento estaba formada por seis capillas y la sede parroquial”, recuerda el párroco Hernán Martín. “Llegamos al cierre, en 2017, siendo once comunidades, con presencia de Carpa Misionera en el territorio, con la Pastoral de Adicciones empezando a nivel parroquial, con el Hogar de Cristo abierto, la casita de los chicos, el comedor Corazón Contento, la Escuela de Atletismo y el intento de lanzar una Pastoral Social Parroquial, para unificar esa diversidad”, completa.
Todo ese trabajo guiado por el PPNE (que tuvo como elementos centrales la Unión, Biblia, Eucaristía y Apertura a la vulnerabilidad) generó una nueva conciencia comunitaria, a la vez que fue la base para un gran cambio en la mentalidad de sus integrantes. Eso hizo que nadie quedara paralizado ni indiferente ante los jóvenes que dejaban de participar en los grupos o estaban tirados en las esquinas, consumiendo drogas, desamparados a su suerte.
El desconcierto inicial frente a los pibes dispuso la comunidad a “conocer las respuestas que ya se están dando” y “actuar en redes eclesiales y civiles”, como indicaba el Capítulo General de los religiosos de Don Orione en 2010. La respuesta la encontraron poco después en el trabajo que realiza la Vicaría para Villas de Emergencia del Arzobispado de Buenos Aires a través de los Hogares de Cristo. Y así comenzó el diálogo fecundo.
En 2014 la propuesta comenzó a tomar forma. Emanuel Salinardi, quien participó en la gestación de la Pastoral Orionita de Adicciones y es el actual Director del Hogar de Cristo Don Orione, recuerda que en noviembre de aquel año se convocó a gente de todos los ámbitos de la parroquia para sumarse a la propuesta “que no se trataba de un círculo bíblico ni un grupo misionero, sino una pastoral temática concreta, y para algunos fue motivo de desconcierto”. “La propuesta fue clara: no vamos a jugar con el problema de los pibes, vamos a hacer una pastoral específica”, agrega el P. Hernán.
Después de un comienzo eufórico con 35 personas, el grupo se fue reduciendo a la vez que se sumaban nuevas personas, hasta que se estabilizó el número de participantes.
Construir desde una mirada común
El objetivo primordial de la POA es crear un marco de referencia por el cual se pueda realizar un trabajo articulado con las mismas bases y los mismos criterios.
A diferencia de otras propuestas, en “la Pastoral Orionita de Adicciones no vemos a la persona como alguien enfermo con un problema a resolver, que requiere un tratamiento y va a recibir un alta, sino como un sujeto de derechos a los que no está accediendo por su situación de consumo. La nuestra es una mirada comunitaria, es decir, vemos un problema socio-comunitario complejo que requiere respuestas complejas, donde no perseguimos la sustancia sino que acompañamos a la persona en su contexto”, señalan Emanuel y el P. Hernán. “La pedagogía central es la cercanía, con la inspiración del Método Paterno Cristiano”, acota el religioso.
En la práctica, eso puede requerir la creación de distintos dispositivos acordes a las distintas necesidades locales con las riquezas y limitaciones que cada comunidad dispone. “Se pueden crear centros de escucha, centros barriales, grupos de padres y todo aquello que la realidad pida y la creatividad permita”, acota el director del Hogar de Cristo.
En esa parroquia de Claypole, incluye centros de escucha (atendidos por laicos que reciben a jóvenes en situación de consumo, o familiares que desean charlar sobre este tema en horarios concretos, que están distribuidos en capillas), grupos de padres (guiados por un matrimonio), un centro barrial y la Casita Providencia (para quienes están en situación de consumo y no tienen dónde ir).
Por otra parte, realizan acciones de prevención específicas e inespecíficas. Para lo específico, cuentan con una Escuela de Atletismo (que está creciendo en cantidad y calidad de deportistas, por lo que esperan contar pronto con un gimnasio). Para la prevención inespecífica, están los colegios, los grupos parroquiales y misioneros, etc. En palabras del sacerdote porteño José María “Pepe” Di Paola, quien tiene a cargo la Pastoral de Adicciones del Episcopado argentino, “la idea es llegar a los chicos antes que los narcotraficantes, y si llegamos tarde, ver cómo podemos ayudarlos a recuperar la dignidad”.
En el campo de la Divina Providencia
Pero la mirada va mucho más allá de qué hacer y cómo hacer. Una de las experiencias más cargadas de sentido son las actividades compartidas entre los pibes del Hogar de Cristo y los residentes del Cottolengo, donde se manifiesta la consigna de “recibir la vida como viene”.
“A una voluntaria le preguntaron cómo hace para entender a las residentes con discapacidades más severas, que no tienen lenguaje verbal, y respondió que ‘no busca entenderlas, sino que las recibe tal cual son’, una síntesis perfecta de nuestro método”, reflexiona Emanuel.
“Los pibes nos están ayudando a redescubrir a Don Orione, y podemos ser mejores orionitas desde que ellos llegaron a la parroquia”, concluye el P. Hernán.
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