“No teníamos pan, y fue San José quien vino a nuestro encuentro”

(19/03/2026) En la Obra Don Orione, el 19 de marzo es una fecha que toca las fibras más profundas de nuestro carisma. Celebramos a San José, el custodio de la Sagrada Familia y, para nosotros, un modelo de entrega silenciosa pero profundamente transformadora.

En un mundo que a menudo prioriza el ruido y la visibilidad, la figura del “Santo del Silencio” nos invita a redescubrir el valor de la presencia constante, del cuidado de los más frágiles y de esa confianza ciega en la Divina Providencia que tanto nos legó nuestro fundador.

El testimonio del P. Flavio Peloso

Para honrar esta fecha, retomamos un relato entrañable del P. Flavio Peloso, quien fuera Superior General de nuestra congregación, que nos ayuda a comprender cómo San José sigue caminando y actuando en medio de nuestras comunidades:


“En las casas de Don Orione, hay una devoción especial a San José como aquel que provee del pan, como intercesor de la Divina Providencia. Desde los tiempos de Don Orione es costumbre poner una pequeña hogaza de pan colgada del cuello de la estatua del Santo Patriarca para recordar aquel episodio ocurrido en Tortona.”

Pero ¿Qué ocurrió en Tortona?, pues el mismo don Orione cuenta lo ocurrido el 18 de marzo del año 1938:

«En los inicios, en los momentos en que no teníamos pan, …no teníamos nada, fue San José quien vino a nuestro encuentro. Pero en aquel año parecía que el querido San José no quisiera venir en nuestra ayuda. Llegó precisamente el mes de marzo, y teníamos una gran necesidad de dinero: eran momentos muy angustiosos, y nos encomendábamos mucho a San José, que es invocado como administrador, mejor como proveedor de las casas, así como fue proveedor de la Sagrada Familia.

En vez de llegar la ayuda, venían los acreedores para que les pagásemos. Yo no podía librarme de ellos. Un día estábamos propiamente sin nada. El portero era por entonces nuestro querido Don Zanocchi, que llevaba sólo unos meses con nosotros. ¡Y era la antevíspera de la fiesta! El portero llegó a la carrera y me dice:

“Hay un señor que quiere hablar con usted!”. “Pero ¿Quién es? ¿Es un acreedor?”. “No lo conozco”. ¿No es el carnicero o el lechero?”. “No lo sé”. “No lo he visto nunca”. “¡Mire bien que no sea ningún acreedor!”.

Desciendo las escaleras deprisa y me encuentro delante de un señor vestido modestamente y con una barbita rubia. Aquel señor me dijo: “¿Es usted el superior? ¡Aquí tiene una suma de dinero!”, y sacó un grueso sobre. Entonces le pregunté si teníamos que decir algunas misas: “¿Tenemos alguna beneficencia que hacer?”. “¡No, no!”, respondió. “No hay nada que hacer. ¡Sólo continuar rezando!”.

Yo no lo había visto nunca. Me miró un instante y, saludándome con una inclinación, se fue deprisa. Hubiese querido entretenerlo un poco pero aquella presencia y aquellas palabras me habían dejado como encantado. Aquel señor dio unos pasos; salió por la puerta, bajó el escalón, pero después ya no se le vio más, ni a la derecha ni a la izquierda, ni bajo los pórticos ni en la iglesia; en el patio estaban sólo los muchachos… Se mandó inmediatamente a dos de ellos para buscarle, pero fue inútil.

Vino después Monseñor Novelli y se le contó lo que había pasado. Y él dijo: “¡Era San José, era verdaderamente San José, que ha querido confortarnos!”. Entre nosotros verdaderamente siempre creímos que fue San José.

Este hecho fue siempre contado como reconocimiento a San José por aquella providencia extraordinaria Y he creído oportuno hablar de ello, porque también ustedes después de este buen puñado de años pasados, quieran aún agradecerlo conmigo». (Parola, 18 marzo 1938)

Desde entonces, como signo de reconocimiento, Don Orione hizo poner y tener un pan fresco colgado en el cuello de la estatua de San José. Y así se hace en las casas de la Congregación.


Un modelo de paternidad y servicio

La vida de San José nos enseña que la verdadera grandeza no reside en los grandes discursos, sino en el “Sí” cotidiano. Su santidad se forjó en el taller, en la protección de María y Jesús, y en esa capacidad tan orionita de “hacer el bien siempre a todos”. Él es el patrono de los trabajadores y el guardián de la Iglesia, pero para nosotros es, sobre todo, el padre que provee y cuida la vida allí donde es más vulnerable.

Nuestra oración en este 19 de marzo

Hoy, al celebrar su fiesta, pedimos su intercesión por cada una de las casas, Cottolengos, escuelas y parroquias de la Obra Don Orione en Argentina. Que, a ejemplo del Santo Patriarca, sepamos ser protectores de la vida, trabajadores incansables por la dignidad de nuestros hermanos y testigos de que, en la humildad del servicio, Dios realiza sus obras más grandes.

¡Feliz día de San José a toda la familia orionita!

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