Más de 200 orionitas celebraron un encuentro de fe y fraternidad en Paraguay

(03/11/2026) “Señor, enséñanos a verte en cada hermano, con el corazón de Don Orione” fue el lema que acompañó el Encuentro de la Familia Orionita 2026, realizado del 30 de octubre al 1 de noviembre en la ciudad de Itá, Paraguay.

La elección de Paraguay como sede tuvo un significado especial: esta edición del encuentro se desarrolló en el marco de los 50 años de la presencia de la Obra Don Orione en tierras paraguayas, una oportunidad para agradecer el camino recorrido, celebrar los frutos de la misión y renovar el compromiso con el legado de San Luis Orione.

Más de 200 participantes, entre religiosos, religiosas, y laicos, llegaron desde las comunidades de Claypole, Tigre, Los Polvorines, Villa Domínico, Bahía Blanca, San Francisco, Córdoba, Sáenz Peña, Barranqueras, Itatí y distintos puntos de Paraguay para compartir tres jornadas de encuentro, oración y fraternidad.

Clima de familia y reencuentro

Las actividades se desarrollaron en la Casa de Retiros Quinta del Carmen, donde desde el primer momento comenzó a respirarse un auténtico clima de familia. Los abrazos de los reencuentros, las historias compartidas y la alegría de volver a encontrarse hicieron palpable aquello que Don Orione soñaba para su obra: una gran familia unida por la fe, el servicio y la caridad.

Reflexión, Misa y la dinámica del “espejo roto”

El sábado fue una jornada especialmente intensa. Tras la apertura oficial, la presentación de las comunidades y diversos momentos de animación, los participantes celebraron la Santa Misa presidida por el Nuncio Apostólico en Paraguay, Mons. Vincenzo Turturro, quien acompañó este significativo encuentro de la Familia Orionita.

Por la tarde, una charla compartida por la Hna. Celina y miembros del Movimiento Laical Orionita de Barranqueras preparó el camino para los espacios de reflexión y trabajo grupal. Inspirados en la dinámica del “espejo roto”, los participantes profundizaron sobre la importancia de reconocerse complementarios en la construcción de la comunidad. La propuesta invitó a descubrir cómo cada persona aporta un reflejo único y valioso, y cómo sólo juntos es posible contemplar una imagen más completa de aquello que Dios quiere realizar en medio de su pueblo.

Fue un momento que ayudó a poner nombre a una experiencia que muchos estaban viviendo durante esos días: comprobar que, aun perteneciendo a comunidades lejanas y realidades muy diferentes, existe una profunda unidad nacida del mismo carisma y de la misma vocación de servicio.

Por la noche, el tradicional fogón volvió a demostrar que la alegría también forma parte esencial del espíritu orionita. Bailes, canciones, sketches y representaciones de las distintas delegaciones transformaron la velada en una verdadera fiesta familiar, donde la creatividad y el entusiasmo fueron protagonistas.

Peregrinación a Caacupé y cierre festivo

El domingo, la Familia Orionita peregrinó hasta la Basílica de Nuestra Señora de Caacupé. Ante la Virgen, patrona del Paraguay, fueron confiadas las intenciones, proyectos y sueños de todas las comunidades presentes. Fue uno de los momentos más significativos del encuentro, poniendo en manos de María el presente y el futuro de la misión Orionita y agradeciendo el camino recorrido.

La experiencia concluyó con el almuerzo compartido en el Cottolengo Don Orione de Mariano Roque Alonso y un momento artístico de cierre que permitió seguir celebrando los dones compartidos durante esos días.

Un carisma que se hace encuentro y fraternidad

Entre los participantes, una misma sensación se repetía una y otra vez: la gratitud. Muchos expresaban sentirse profundamente bendecidos por haber podido formar parte de esta experiencia y manifestaban el deseo de volver a encontrarse en una próxima edición.

Más allá de las actividades realizadas, el mayor regalo del encuentro fue confirmar que la Familia Orionita sigue creciendo y caminando unida. Distancias geográficas, culturas y realidades distintas no fueron obstáculo para experimentar aquello que San Luis Orione soñó para sus hijos espirituales: una sola familia, reunida alrededor de Jesús, al servicio de la Iglesia y especialmente de quienes más necesitan sentir el amor de Dios.

Porque cuando el carisma se convierte en encuentro, la fraternidad deja de ser una idea y se transforma en una experiencia que renueva la fe, fortalece los vínculos y vuelve a encender el deseo de seguir caminando juntos.

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