
(19.1.20) El domingo pasado, 12 de enero, fue un día especial tanto para Alan Martins Vieira como para la Familia Orionita de todo el mundo, porque este joven clérigo brasileño de 23 años renovó sus votos de Pobreza, Obediencia, Castidad y Fidelidad especial al Papa por un nuevo año.
Alan es oriundo de Minas Gerais, Brasil, y desde hace un año está realizando su Tirosinio en el Cottolengo Don Orione de Claypole, provincia de Buenos Aires.
¿Cuándo llegaste a la Argentina?
Llegué el 16 de febrero de 2019 para realizar la experiencia de inserción pastoral llamada Tirosinio. Me lo propuso el P. Josumar dos Santos, que es el superior de nuestra provincia religiosa. En Brasil hay dos provincias religiosas: una al sur, llamada Nuestra Señora de la Anunciación, y otra al norte llamada Nuestra Señora de Fátima, que es de donde vengo.
¿A qué edad iniciaste tu camino como religioso?
A los 16 años, el párroco del lugar donde vivía con mi familia me sugirió que visitara la Obra Don Orione. Así fue que conocí la comunidad de Belo Horizonte y me enamoré del carisma. Me sorprendía la alegría con que se vivía lo cotidiano. En ese momento me empezó a acompañar el P. Zenildo.
Ingresé al seminario menor que está ubicado en la ciudad de Río Bananal. A los 17 terminé el secundario y mientras tanto me iba acompañando el P. Alexandre Umbelino para seguir mi discernimiento. Así que cuando cumplí 18 años ingresé al Noviciado en Brasilia. Al finalizar ese tiempo, fui admitido para emitir mi primera profesión en 2016.
¡Eras muy joven cuando iniciaste tu camino!
Sí. Por eso el apoyo y el sostén de mi familia fue fundamental. Me fueron acompañando a cada paso y eso es muy importante.
Y ahora que estás lejos de tu casa, ¿cómo estás? ¿Ya conocías Argentina?
No, no conocía. Cuando el P. Josumar me dijo de venir aquí le dije que sí sin dudar.
¿Cómo te resultó vivir en otro país? Ahora hablás perfecto español…
Fue todo nuevo y sorprendente. Sabía algunas pocas palabras como “buen día”, “gracias” y cosas así. Cuando llegué al Cottolengo, los primeros que me recibieron fueron los chicos, los residentes.
¿Qué te pareció el Cottolengo de Claypole? ¿Es parecido a los de Brasil?
En nuestra provincia tenemos cottolengos en Brasilia y Fortaleza. Son más pequeños, con tres o cuatro hogares. Y nosotros no vivíamos propiamente en el Cottolengo sino que íbamos y veníamos desde la casa de la comunidad.
Todos me recibieron muy bien: los auxiliares y coordinadores, los voluntarios y la comunidad religiosa. Siempre están preocupados para que yo ande bien y siempre están dispuestos a enseñarme cosas.
Aquí estoy sirviendo en un hogar ubicado justo frente al Santario del Corazón de Don Orione, llamado Ferrando Hombres. Allí residen 32 hombres con discapacidad de alta dependencia y todos los días aprendo a compartir con ellos. Ayudo a dar la comida, tomamos mate, vamos a misa y caminamos por el parque. Aquí todos los días hay algo nuevo y siempre hay cosas para aprender. Ellos nos presentan el Rostro de Cristo. Con cada uno el vínculo es singular y tomé el gusto pasar tiempo con ellos.
¿Qué tal el mate con los chicos? ¿Toman mate en Brasil?
En el norte de Brasil, de donde vengo, no es común. En el sur, sí. Se le dice chimarrão pero es un poco distinto a como se lo toma acá. Así que aprendí a compartir con ellos.
¿Además de las actividades en el Cottolengo tuviste alguna otra tarea pastoral?
Sí, estuve acompañando al P. Roberto Simionato en la Vicaría Nuestra Señora de Luján, en Florencio Varela, donde está el Colegio Don Orione. Nosotros aprovechamos los fines de semana para dar catequesis, formación de monaguillos, actividades de guías y, por supuesto, la Eucaristía.
¿Qué es lo que más te sorprendió de esta experiencia?
Me sorprende la amplitud del carisma, que sigue siendo el mismo en todas partes. En Argentina encontré el rostro de Don Orione en una cultura distinta. Me hizo ampliar la mirada sobre la Familia Orionita, que está presente en más de 30 países.
Ser orionita es una manera de vivir. Es acudir a las personas más necesitadas y vivir el interés por los indefensos, los abandonados. En esa realidad pude comprender es el amor que don Orione tenía con la humanidad.
Ahora que renovaste tus votos como religioso orionita, ¿cómo sigue para vos este año?
Me voy a quedar aquí, en Claypole, por un año más para completar el Tirosinio. El año que viene vuelvo a Brasil para retomar los estudios. Y siguiendo los pasos de Don Orione, porque me siento realizado en esta vocación que me atrae día tras día. Ω