
(22/04/2026) En el marco de su viaje apostólico por África, el Santo Padre visitó el Hospital Psiquiátrico “Jean-Pierre Olie” en Malabo. Ante pacientes y profesionales, brindó un mensaje de profunda esperanza que resuena con fuerza en el corazón de nuestra Obra: la mirada de Dios que dignifica y abraza la fragilidad.
Una sociedad que rodea de amor la debilidad
La jornada del martes 21 de abril comenzó para el Papa León XIV con un encuentro marcado por la calidez africana. Pasadas las 17:30 horas, entre cantos y danzas, el Pontífice fue recibido en el patio principal del centro de salud. Allí, el Director General del hospital, el Profesor Bechir Ben Hadj Ali, pronunció unas palabras que el Papa retomaría luego como eje de su mensaje: “una sociedad es verdaderamente grande cuando, lejos de ocultar sus debilidades, decide rodearlas de amor“.
Esta premisa se entrelaza directamente con la misión orionita de ver en el sufriente el rostro mismo de Jesús, promoviendo una cultura del encuentro que no excluye a nadie por su condición de salud o fragilidad mental.
De la exclusión a la plena dignidad
Uno de los momentos más potentes del discurso fue cuando el Santo Padre recordó las raíces cristianas del cuidado al prójimo. León XIV subrayó que “fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad.”.
Esta afirmación es un llamado a derribar prejuicios históricos y a entender que la discapacidad no es una sombra, sino un lugar donde Dios nos pide colaboración —personal y social— para construir la “civilización del amor”.
Dios nos ama como somos
El Papa también se conmovió con el testimonio de Pedro Celestino, un paciente que agradeció el ser amado “tal como es”. Al respecto, el Pontífice aclaró que, si bien Dios nos acepta en nuestra realidad total, su amor es dinámico: “Jesús vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos”.
Destacó además que, en un hospital de inspiración cristiana, la dimensión espiritual es esencial para una sanación integral. Antes de retirarse hacia la Casa Arzobispal, el Papa recorrió una exposición de obras de arte realizadas por los propios pacientes, reconociendo en ellas los “poemas ocultos” que se escriben cada día a través de los pequeños gestos de cuidado y atención.
Un mensaje para el mundo y los responsables políticos
Para el Profesor Ben Hadj Ali, director gerente del hospital, que el Papa haya decidido ingresar en un hospital psiquiátrico constituye una señal “enorme” para el sector de la salud global. “Es una señal muy fuerte para que la sociedad se preocupe de los pacientes con vulnerabilidad”, señaló el directivo.
Según el Profesor, este gesto trasciende fronteras: “El mensaje no es solo para Guinea, sino para el mundo: los responsables políticos deben preocuparse por este problema”. De este modo, la visita no solo fue un bálsamo espiritual para los presentes, sino un llamado de atención a la comunidad internacional sobre la prioridad que debe tener la salud mental en las agendas públicas.
Discurso completo del Santo Padre
Señor Director General,
distinguidas autoridades,
queridos hermanos y hermanas:
Les agradezco de corazón esta acogida, su hospitalidad, sus cantos, sus danzas. ¡MuchasGracias!
Cada vez que visito un hospital, una casa o residencia de personas que quizás tengan diversas enfermedades, dificultades, tengo un doble distintos sentimientos: por un lado, siento el dolor o la tristeza de las personas que están sufriendo; que muchas veces llevan un dolor muy grande. A veces con heridas que se ven y a veces con heridas que nadie ve, pero que la persona misma sabe que lleva en su corazón, lleva en su vida. Siento dolor por las familias que muchas veces no saben acompañar y ayudar al paciente.
Pero experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario para servir a la vida humana. Esto también me sucede aquí, pero hoy, dentro de mí —y espero que en todos ustedes también—, prevalece la alegría y la esperanza; la alegría de reunirnos en el nombre del Señor, la alegría y la esperanza de saber que estamos cuidando a quienes viven en condiciones de fragilidad.
Algunas palabras que he escuchado ahora me han conmovido.
El Director dijo: “Una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor”. Sí, así es. Este es un principio de civilización con raíces cristianas, pues fue Cristo quien, en la historia de la humanidad, rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su plena dignidad. Pero el Salvador no quiere ni puede salvarnos sin nuestra colaboración, tanto a nivel personal como social. Por esta razón, nos pide que amemos a nuestros hermanos y a nuestras hermanas no de palabra, sino con hechos. Un centro de cuidados como este puede convertirse, con la ayuda de Dios y el compromiso de todos, en un signo de la civilización del amor.
El señor Pedro Celestino quiso concluir con una expresión conmovedora: “Gracias por amarnos tal como somos”. Yo digo, ¡Gracias a usted por su testimonio! Gracias a todos ustedes por estar aquí dando testimonio, señal de que aquí, en este lugar, hay auténtico amor.
Dios nos ama como somos. Sólo Dios, en verdad, nos ama totalmente como somos. ¡Pero no para dejarnos como estamos! No, Dios no nos quiere siempre enfermos, siempre con dolor, ¡nos quiere sanos! Dios nos quiere sanos. Dios quiere darnos esta gracia para ayudarnos a sanar aquellas heridas que llevamos
Esto se ve muchas veces en el Evangelio: Jesús vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos. Y un hospital, especialmente uno de inspiración cristiana, es precisamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, respetadas en su fragilidad, pero para ayudarlas a estar mejor, con una visión integral. Para ello, la dimensión espiritual es esencial; me gustó mucho que el Director hiciera hincapié en esto.
Para concluir, gracias al señor Tarcisio por su poesía. Quisiera decir que en un ambiente como este, se componen cada día muchos “poemas” ocultos, quizás no con palabras, sino con pequeños gestos, con sentimientos, con atención a las relaciones entre ustedes. Es un poema que sólo Dios puede leer plenamente y que consuela el Corazón misericordioso de Cristo.
Queridos hermanos, les pido que transmitan mi cercanía a todos los enfermos del hospital, especialmente a los más graves y a los que sufren más la soledad. A cada uno de ustedes —a los pacientes, al personal sanitario y a los demás empleados— les imparto de corazón mi bendición, encomendándolos a la protección de María, Salud de los enfermos. Muchas gracias.